Un asesinato se resuelve con estética ‘kistch’

5/10/2007

María Elena Vaca. Redactora

Hoy llega al escenario del Teatro Sucre el segundo de los proyectos escénicos premiados el año pasado. Se trata de ‘Que  no haya pena’, obra del grupo Ojo de Agua escrita por su director, Roberto Sánchez. La función será a las 20:30.

La obra, que se pudo apreciar en un ensayo el martes pasado, no está del todo madura: esa fue la impresión de prensa y de invitados. Hay un indudable espíritu de experimentación e innovación que, sin embargo, no se consolida.

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La estética de la puesta en escena conserva los rasgos diferenciadores del estilo de Ojo de Agua: humor negro, construcción de un ‘kitsch’ con la cultura chatarra nacional y personajes costumbristas situados en atmósferas
surreales.

El libreto partió de un asesinato leído en un diario de crónica roja. La pieza  analiza cuáles fueron los impulsos que motivaron al asesino y en el discurso no hay culpables ni castigadores, solo hechos.

Los personajes están nominados apenas con una letra, se llaman C o D. Sánchez explica que buscó  “que fácilmente puedan identificarse conmigo o contigo”.

La falta de continuidad en el guión dificulta el seguimiento narrativo de ‘Que no haya pena’. La obra arranca con una presentación en escena del ‘dramatis personae’: cada personaje se presenta a sí mismo y se describe. Solo luego se recrea la escena  del crimen, en la que participan todos. Esta idea no acaba de funcionar bien.

Acaso por esta falta de vigor dramático, las situaciones de los personajes transcurren con un  ritmo lento,   denso y desordenado. La pieza tiene un alto grado de farsa política crítica, pero su lenguaje, indirecto,  traiciona su efectividad en este sentido.
 
Más allá del pretexto social, la comedia de Sánchez  es oportuna porque pinta las tildes sobre la sociedad ecuatoriana. 

Según el director, la idea fue poner en entredicho el discurso moral de la sociedad ecuatoriana:
“Todo lo que hacemos es producto de nuestros actos”, dice, y no de lo que hacen los otros, esos chivos expiatorios a quienes se culpa de todo mal.

Entre líneas, el dramaturgo satiriza, entre otras cosas, el enfoque ‘naíf’ del mundo que ofrece  la televisión por cable: emprende contra la música cliché, contra los ‘reality shows’ de baja calidad  y  los comentarios domésticos y prosaicos sobre la vida cotidiana que llenan la pantalla chica mundial.

En la obra sobresalen las actuaciones de Andrea Ordóñez, María Elena López, Javier Cevallos  y la del propio   Sánchez.   Marco Bustos   queda en deuda con el público. El manejo del espacio es  elemental en la puesta  de Ojo de Agua.

Una flaqueza del montaje, que estará en temporada hasta este domingo en el Teatro Sucre,  radican en  una excesiva confianza en la palabra hablada (hay demasiadas cosas dichas y no mostradas). Otros recursos, como la música  o el  video, realizado por Cristian Proaño, terminan siendo decorativos y carecen de  sentido propio.  
Sánchez  concluye en su trabajo que el ‘país real’ tiene una misma voz, a veces inaudible, casi siempre medio distorsionada. Trata de recogerla en su trabajo, que integra lenguajes y técnicas diversos.

Durante las dos horas que dura  la función, hay una risa que no se detiene: risa sobre el crimen, risa sobre la muerte, risa sobre la vida.    

Ojo de Agua montó la obra tras unos meses en Alemania. Allá, López y Sánchez compartieron la dirección de la obra ‘Lilion’, de Féderic Monar, en la compañía del Staats Theather de Stuttugart.

De aquella experiencia, Sánchez tomó como referencia el lenguaje escénico del  Teatro de Cámara de Múnich.

El fin, explica,  es que “el cuerpo, el video y  el texto convivan haciendo narraciones abiertas para conformar todo en una unidad multireferencial,  grotesca e irónica”, señala Sánchez. Ese es un camino por recorrerse: en la obra de hoy, si bien hay ironía y provocación, los elementos no están del todo hilvanados.

Algunos detalles

El trabajo  se estrena esta noche, a las 20:30, en el Teatro Sucre. Las entradas cuestan 5 dólares (platea alta) 10 (platea baja) y 15 (primera de palcos), están a la venta en las boleterías del T. Sucre.  

La pieza estará en temporada en el T. Sucre hasta este domingo, luego se presentará en la sala Zero no Zero de la CCE hasta el 7 de junio. Allí las entradas costarán  USD 5. 

Actúan:  Andrea Ordónez, María Elena López, Marco Bustos y Javier Cevallos.


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