Mundial de Fútbol

6/19/2006
Por Jorge Salvador Lara

Del Carchi al Macará, y desde las Galápagos a la Amazonia, el país entero vibró con exultante alegría y espontánea unanimidad ante los dos primeros triunfos de la selección nacional al Campeonato Mundial de Fútbol que hace pocos días comenzó en Alemania su entusiasta ronda de encuentros.

Es la segunda vez que, dado el progreso evidente de nuestro fútbol, concurrimos a una competencia planetaria de esta categoría; mas en esta ocasión, por primera vez en nuestra historia deportiva, con el triunfo en los partidos iniciales, sobre Polonia (2-0) y Costa Rica (3-0), hemos logrado acumular seis puntos, los indispensables para pasar a octavos de final; nuestra valla permanece invicta, con la ventaja de cinco goles espectaculares aureolando a la ‘Tri’. Miles de ecuatorianos, desde varios lugares de la vieja Europa, y cientos desde el propio Ecuador viajaron para acompañar a nuestros deportistas en sus encuentros, alentarles con gritos y aplausos y demostrarles dinamizadora solidaridad.

Y desde aquí, pendientes de televisores y radiodifusoras, cientos de miles de compatriotas seguimos anhelantes las incidencias de esos encuentros, saltamos de júbilo y gritamos hasta el estallido con cada uno de nuestros goles, aplaudimos y agradecimos a todos y cada uno de los miembros del equipo nacional y a  Suárez, eficaz director técnico, mientras elevábamos una plegaria a la Providencia, de gratitud por los triunfos ya logrados y de impetración por los próximos, cada vez más difíciles.

Esos 90 minutos de juego, de fuego diríamos, en los que la ‘Tri’ bordaba sus pases, cohesionada y lúcida defendiendo el campo propio e irrumpiendo en el ajeno en golpes rápidos y veloces contragolpes que le permitieron horadar la valla adversaria fueron vividos con fortaleza, imaginación y ardimiento por nuestros jugadores; con gritos, canciones y flamear de banderas por la numerosa barra de compatriotas llegados para respaldarles, uniformados todos con la amarilla camiseta oficial, explosión de colorido en las severas multitudes de los estadios alemanes.

Trece millones de ecuatorianos -¿o somos 15 ya?- desde aquí ofrendamos nuestra solidaridad al equipo que se batía allá, océano de por medio, representando a la Patria ecuatorial.

Quisiera saludarles y nombrarles a todos, mas la parvedad de este artículo lo impide: reciban entonces mi emocionado saludo por lo menos el guardameta Mora,  Delgado, Tenorio, Kaviedes y De la Cruz.

Unas cortas reflexiones: con preparación perseverante, método, energía y objetivos concretos, el país entero puede también triunfar tal como lo está haciendo nuestro equipo en Alemania; estos jugadores, surgidos de la entraña popular, demuestran, como tantas veces en la historia, la capacidad ecuatoriana para afrontar con eficacia grandes desafíos; ellos, en la competencia en la que están citados, y nosotros, al respaldarles con entusiasmo unánime en todos los rincones de la Patria, estamos demostrando que somos algo más que un país: somos una sola nación, en forja perpetua, capaz de vencer pese a retos y crisis.

La firme cohesión lograda ante una causa superior, la unidad de la Patria, demuestra cuán menores y artificiales son los regionalismos, provincialismos y aldeanismos con que nos embaucan los intereses particulares, siempre deleznables.
jsalvador@elcomercio.org


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