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Argelia Lara, especialista mexicana en anestesiología que visitó el país, respondió algunas inquietudes sobre el dolor crónico.

¿Qué es el dolor crónico?

El dolor es una entidad clínica médica que se puede clasificar desde muchos ángulos. Una de sus principales divisiones es la cronológica, es decir el tiempo que dura el dolor. A veces es fácil saberlo. Por ejemplo, cuando un paciente dice tengo 27 años padeciendo neuropatía diabética (daño a los nervios del cuerpo que ocurre debido a niveles altos de azúcar en la sangre) me queda claro que es crónico.

La frontera entre dolor agudo y crónico es de tres meses. Cuando pasa de este periodo ya no se trata de un problema pasajero sino de algo permanente. Es una clasificación absolutamente arbitraria pero que nos permite tener cierta uniformidad. Con fines de unificar los criterios, organizaciones como la Asociación Internacional para el Estudio del dolor (IASP, por sus siglas en inglés) han propuesto esta clasificación.

¿Existe otra estrategia para identificar el dolor crónico?

La pregunta que nos ayuda a diferenciar entre agudo y crónico es: ¿para qué sirve el dolor?
Cuando es agudo sirve. Si me estoy quemando retiro la mano. Si me fracturo ya no me muevo. Si me da apendicitis, el dolor me llevará a urgencias a pedir ayuda. Es decir, en estos casos, el dolor es un mecanismo de defensa importantísimo. Nos mantiene a salvo, nos avisa que algo está mal.

El dolor crónico, en cambio, no sirve para nada. ¿De qué le sirve a un paciente tener neuropatía diabética por 27 años? De nada. El dolor crónico se convierte en una segunda enfermedad. Esto es realmente dramático porque primero está la afección que generó la molestia y luego ese dolor puede seguir un paralelismo con la afección que lo detonó o puede tomar su propio camino.

En este momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el dolor crónico como una como un problema grave. Durante muchos años se lo consideró solo como un síntoma al que no se le daba importancia ni tratamiento adicional. Sin embargo, hay pacientes que el principal de motivo de consulta es un dolor que les puede durar meses o años o toda su vida. Por ejemplo, las personas con cáncer. Lamentablemente, en muchos casos, resulta que no hay cura. Si estamos hablando de una etapa avanzada, es probable que tenga un dolor importante. Si ya no podemos controlar el cáncer por lo menos deberíamos saber tratar el dolor adecuadamente. Esto no solo aplica a los pacientes oncológicos sino a todas las entidades en medicina.

¿Qué sucede en el caso de los adultos mayores?

Gracias a los avances de la medicina moderna, ahora vivimos más años que antes. La expectativa de vida ha crecido, en un siglo, de 40 a 70 años. Por supuesto que hay avances. El asunto es si estamos atendiendo bien la patología de las personas mayores.

Los adultos mayores experimentan un momento muy crucial en su vida. Entre los 60 y 65 años, las personas tienen la mayor necesidad analgésica de su vida. Justo en ese momento es en el que se presentan las enfermedades degenerativas. Tienes más fragilidad orgánica: la función hepática y renal no son las mismas. Además es el periodo en el que posiblemente más fármacos requieras. Es común que la gente tome un antihipertensivo, un hipoglucemiante, algo para la tiroides, un anticoagulante…hacer convivir todos estos fármacos, que el paciente ya toma, con un analgésico que le dé seguridad y eficacia a largo plazo, es la maestría que el médico debe desarrollar en la actualidad.

¿Qué pasa con el entorno social de una persona con dolor crónico?

Hay algo que se llama la triada del dolor. Esto significa que una persona con dolor, no solo experimenta sufrimiento físico, sino que no tiene tranquilidad, calidad de sueño… Se vuelve anhedónica, no quiere ni que le hables.

La triada del dolor consiste en tres problemas grandes: el dolor (que es el detonante), la ansiedad o depresión y trastornos del sueño. ¿Qué tan seguido se correlacionan? Podemos decir que más del 50% de los pacientes va a tener, además del dolor, ansiedad y depresión. Aproximadamente el 70% no podrá dormir adecuadamente. Algunos pierden el trabajo o se separan de sus parejas por. Esto afecta el entorno social. Es como una bola de nieve. Los costos de un dolor mal manejado son altísimos.

¿Puede llegar una persona con dolor crónico a tener ideas suicidas?

El riesgo suicida en dolor es algo que se ha documentado. No es una cosa tan dramática afortunadamente. Hay algunos estudios que dicen que el 2% de las personas con dolor no resuelto llegan a pensar en quitarse la vida. Es terrible que la gente tenga que llegar a ese punto, cuando actualmente tenemos medicamentos 700 veces más potentes que morfina. Más del 90% de los casos se resolverían con terapias sencillas, pero no se está haciendo.

¿Cuáles son los métodos que se están utilizando para controlar el dolor crónico?

Depende, más que de una enfermedad, del paciente. Hay que estudiar cada caso particular. En el área médica, los especialistas deben examinar cinco cosas, antes de escoger un tratamiento para el dolor:

Detectar el posible origen (fisiopatología). Determinar a través de la historia médica y de la exploración dónde está la causa de la molestia.

Considerar el tipo de dolor. Existen dos clases: nociceptivo (relativo al sistema musculoesquelético) y neuropático (afectación del sistema nervioso).

Pensar en la cronología probable. Estudiar cuánto tiempo durará el dolor.

Medir la intensidad del dolor. Esto es útil para determinar la potencia que debe tener el fármaco.

Conocer al paciente. Saber qué enfermedades padece, qué medicinas toma. Esto es necesario para evaluar la interacción que tendría un medicamento con otros fármacos.

Los antiinflamatorios empleados para controlar algunos dolores, ¿tienen consecuencias gástricas?

Los antiinflamatorios tienen tres cosas buenas y tres no tan buenas. Las ventajas es que son analgésicos, antiinflamatorios y antipiréticos. Las desventajas es que son gastrolesivos, potenciales nefrotóxicos (pueden afectar al riñón) y además pueden ser antiagregantes (las plaquetas no se adhieren y en casos de pos operación pueden hacer sangrar más a los pacientes).

Pero también tenemos otro tipo de medicamentos. Los opioides, poco conocidos, son medicamentos que pueden aliviar el dolor moderado o severo. Además, son muy verátiles. Tenemos muchos fármacos y varias vías de administración (gotas, parches, inyecciones). La mayor ventaja de ellos es que no afectan el estómago, el riñón o las plaquetas. Tiene algunos efectos secundarios como somnolencia, náusea, estreñimiento, pero son situaciones controlables que se pueden prever.

El otro gran grupo en dolor es el de los adyuvantes, fármacos como los antidepresivos y antiepilépticos que usamos con fines específicos en dolores neuropáticos.

El tema del dolor es muy amplio. La idea es que el público se interés por esto y puedan exigir el control del dolor.

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