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imagenDesde la pequeña rendija de la puerta de madera se ve el patio. En el pasillo están botados cables y muebles empolvados. La casa de tres pisos tiene todos los vidrios oscuros. La Fiscalía lo llama "centro de tortura". Está ubicado a 2,5 km del Tena, en Napo. Desde ese sitio se escapó Zulema C. hace un mes. Allí, durante 21 días, intentaron "curar" su homosexualidad.

En las tres semanas de encierro el mensaje fue el mismo: "Dios creó al hombre y a la mujer. Debemos rehabilitarte. Estás enferma".

El martes, ella volvió a esa ciudad. Ese día, la Policía montó un operativo para detener a los propietarios y empleados de la "clínica". Hubo cuatro personas arrestadas. Zulema las denunció por maltratos psicológicos y por alimentarla con "comida podrida".

Los sitios que ofrecen las denominadas "terapias de deshomosexualización" no son nuevos en el país. Fundaciones Glbti advierten su presencia desde hace 13 años.

En el 2001, por ejemplo, María Auxiliadora vivió una situación similar a la de Zulema. Sus padres la internaron a la fuerza en una clínica que operaba en Guayaquil. Su testimonio es parte de un informe del Tribunal por los derechos de las mujeres en el Ecuador.

La joven relató que el 28 de mayo del 2001 personal del centro ingresó a su dormitorio y la encerró contra su voluntad.

De su paso por ese lugar, María Auxiliadora recuerda una "terapia" que la llamaban "la amanecida", porque lo hacían después de la medianoche. La botaban al piso desnuda, con los brazos en la espalda y la cabeza en el suelo. Le decían "macho" y le tiraban baldes de agua helada.

Los maltratos psicológicos también eran parte del "tratamiento".

La quisieron convencer que estaba afectada con VIH. "Se inventaban historias. Me querían 'curar' poniendo la mano en la Biblia. Decían que era parte de la terapia".

Lo mismo ocurrió con Susana. En el 2000 decidió contar a sus padres que era lesbiana. Su familia reaccionó y la internó en una "clínica" en Montecristi (Manabí). Allí permaneció cuatro meses.

A diario los insultos de los llamados terapeutas se repetían: "Si tú fueras amiga de mis hijas, yo no las dejaría salir contigo. Susana, la lesbiana, a la que le gustan las mujeres, la que no quiere cambiar, la que quiere hundir su vida...

'Nunca fue una enfermedad, la ciencia se equivocó'
Tras escapar de la "clínica", Zulema regresó a Guayaquil. Apenas llegó a la ciudad contó lo que pasó.

Lía Burbano la acompañó. Ella es presidenta de la Asociación Lésbica Mujer y Mujer y mencionó que "la lucha no es contra los padres (quienes obligan a sus hijos a cambiar su orientación sexual), sino contra los centros que ofertan falsas ideas de que la homosexualidad es una enfermedad y se debe curarla".

Jorge Luis Escobar es presidente de la Asociación de Psicólogos del Ecuador y considera como un error histórico de la ciencia la patologización de la homosexualidad. Esto, porque recién en 1974, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría retiró a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

"¿Cómo es posible que la comunidad científica diga antes que es una enfermedad y después que no? Culturalmente era tan fuerte el peso del conservadurismo (que obligó a etiquetarlo como un trastorno). La enfermedad está en la sociedad que reprime la manifestación de una persona que no hace daño a los demás", dice Escobar.

Tuvieron que pasar 16 años más para que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en mayo de 1990, dejara de considerarla como una patología.

En el Ecuador, la homosexualidad estuvo incluso tipificada como un delito hasta 1997. El Código Penal establecía cárcel de entre cuatro a ocho años para quienes se declaraban gais, lesbianas, transexuales o transgénero.

Susana recuerda esos años y cuenta que durante su paso por la "clínica" su orientación sexual era vista como algo "repugnante". "Me decían que estaba mal de la cabeza, que era una marimacha".

En los cuatro meses la torturaron y cuenta que le colocaron cadenas durante días. "Fue humillante. Caminé, dormí, subí escaleras con esos grilletes. Me decían que debo liberarme de las cadenas que llevaba en la mente. Fue horrible".

María Auxiliadora pasó por dos centros. En el primero creyeron haberla "curado" y recuerda que sus padres la recibieron como si hubiera vuelto a nacer. "Me cambiaron el cuarto y lo pintaron de rosado".

Meses después, la familia notó que su orientación sexual no había cambiado. En abril del 2002, la joven fue raptada por dos desconocidos. Le dijeron que estaba detenida por deudas, la esposaron y la llevaron a un centro en Guayaquil.

Entre el 2005 y el 2011, la Fundación Taller Comunicación Mujer registró 14 denuncias relacionadas con estos casos en el país.

La captura de Zulema fue similar a la de María Auxiliadora. El 17 de mayo pasado sus padres la invitaron a almorzar. Mientras caminaba, dos hombres la obligaron a subir a un auto. Su padre estaba ahí. La universitaria recuerda la frase que él repetía: "Todo es por tu bien mijita".

Mientras estuvo encerrada en el Tena, Zulema relata que los supuestos terapeutas la presentaron como una adicta en proceso de recuperación.

Una investigación realizada en la Flacso por Kathryn Ann Wilkinson (diciembre del 2012) advierte que los "centros de deshomosexualización" aparecieron en el país en la década de 1990 "con la premisa discursiva de que esta orientación sexual se puede y se debe cambiar, pues es igual a una adicción".

Es por esto que -según el estudio- los servicios de "deshomosexualización" se ocultan bajo centros que rehabilitan a personas con problemas con el alcohol y otras drogas.

Inconsistencias en el número de centros que hay en el país
En mayo pasado, dos organizaciones Glbti (Taller Comunicación Mujer y Artikulación Esporádika) junto con la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu) publicaron un informe sobre la situación de los centros de "rehabilitación" en el país.

En el documento de cinco páginas se denuncia la "omisión y responsabilidad del Estado ecuatoriano en el internamiento forzado de mujeres lesbianas y en la existencia de clínicas de rehabilitación donde se violan los DD.HH.".

Allí también se habla de inconsistencias, pues "se registran clínicas que constan como cerradas, pero no clausuradas u otras que tras haber sido cerradas, se vuelven a abrir (ver estadísticas).

En una entrevista con este Diario, Miguel Malo, viceministro de Salud, admitió que los denominados centros de recuperación de adicciones a las drogas "han estado totalmente fuera de control y regulación". El Gobierno reconoció el problema y hace ocho meses creó una Comisión Nacional Interinstitucional encargada de detectar clínicas clandestinas. El fiscal Fabián Salazar lidera el equipo que investiga estos casos y revela que hasta ahora se han localizado 19 centros donde se vulneran los derechos de las personas. "Estaban ubicados en Tungurahua, Guayas, Manabí, Azuay, Pichincha, Santo Domingo de los Tsáchilas y Cotopaxi".

Además, el funcionario dijo que se indagan posibles mafias detrás de operaciones de estas "clínicas".

José Luis Guerra también lo reconoce. Él es director nacional de Protección de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo y expresa que hay "serias sospechas de conexiones entre personas que ofrecen servicios" de deshomosexualización en clínicas clandestinas.

La propia ministra de Salud, Carina Vance, dijo el miércoles que el problema es complejo. "Hay mafias que (permiten) que estos centros continúen funcionando".

El martes Zulema llegó al Tena con su pareja Cinthya R. y su abogada Silvia Buendía. Desde que escapó de la "clínica" no ve a sus padres. Con Susana ocurrió lo mismo. Reunió dinero y abandonó el país. "Salí muy resentida. Me sentía anulada, como un bicho. Llevaba en mi cabeza todas las humillaciones. Tenía ganas de matar a esa gente".

María Auxiliadora llegó incluso a sacar una boleta de auxilio contra su madre. Vivía asustada de que la volvieran a capturar y encerrar.

La ciudad en la que vive Zulema con su pareja hoy es un misterio.

123 centros privados de rehabilitación de drogas registró el Ministerio de Salud en el 2012, en el país. Solo ellos tienen permiso.

Punto de vista Luis Moya / Médico psiquiatra

'Esas terapias no tienen ni pies ni cabeza'

La Fiscalía las protege por las represalias que pudieran existir...

Partiendo de que la homosexualidad no es una enfermedad, esos famosos tratamientos para cambiar la orientación sexual no tienen ni pies ni cabeza. Independientemente del sexo genital hay un sexo cerebral que va a determinar el comportamiento sexual de la persona.

Este sexo cerebral se determina fundamentalmente en los primeros meses de la gestación de la madre y es lo que define el comportamiento homo o heterosexual de un individuo.

Eso no va a cambiar con ningún tratamiento, peor en esas clínicas que con palos, consejos o privación de las libertades creen que van a cambiar la orientación sexual. Eso no va modificarse ni con premios, ni con castigos ni con fármacos y menos con psicoterapias.

De entrada yo no comparto que se trate la homosexualidad como una enfermedad.

Los homosexuales o heterosexuales nacen y no se hacen.

Considero que estas famosas "clínicas" que ofrecen estos servicios incurren en estafas y timos.

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