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Uno de los sitios emblemáticos en los que, literalmente, se escribió la historia del país es la Sala Capitular del Convento de San Agustín. Allí, a las 09:00 del 16 de agosto de 1809, se suscribió el primer documento del proceso de independencia de lo que actualmente es el Ecuador.

Según Alejandra Arcos, guía, la sala fue construida para albergar los capítulos o reuniones de los delegados de la orden agustina. Allí se elegían a sus autoridades y se discutía sobre las decisiones importantes para la vida de los religiosos. Además, el lugar fue el aula magna de la Universidad de San Fulgencio, la primera institución superior que se creó en la ciudad.

Gladys Rodas y tres amigas recorrieron la mañana de ayer la Sala Capitular del Convento. Al ingresar, su mirada se trasladó al retablo principal, más conocido como El Calvario. Allí, el pan de oro, característico del barroco quiteño, resalta en las esculturas de San Juan Evangelista, la Virgen María y Jesucristo crucificado.

La guía explicó a Rodas que el autor de las obras fue José Olmos, conocido en el mundo del arte como 'Pampite'. La visitante y sus compañeras, oriundas de Cuenca, arribaron a la ciudad, el jueves pasado, para presenciar los festejos por el Primer Grito de Independencia, en varias zonas de la ciudad. Su visita coincidió con la celebración del Día de la Cultura Ecuatoriana. Por esta razón, su ingreso a la Sala Capitular fue gratuito.

Las cuatro amigas consideraron importante visitar ese espacio del convento, ubicado en las calles Chile y Guayaquil, por su importancia histórica. "La belleza de las pinturas, de los retablos y del cielo raso nos impactaron", dijeron.

Gabriel López y Marcela Cantos también recorrieron la Sala Capitular. Entusiasmados por la visita, ambos quiteños manifestaron estar orgullosos de la riqueza cultural del Centro Histórico.

"Aquí empezó toda la historia de lo que, hoy por hoy, es Ecuador", dijo López, quien aprovechó su día libre para visitar los museos del Casco Colonial.

Frente a las imágenes de El Calvario, a unos 15 metros, está un púlpito, tallado y cubierto de pan de oro. A sus pies, permanece la mesa en la que Juan Pió Montúfar y los representantes de los barrios quiteños firmaron el acta independentista. Al ver esa mesa, López hizo una especie de viaje en el tiempo. "Aquí uno aprende muchísimo. Debemos valorar más nuestra historia".

Luego de esta explicación, la guía, con un tono diferente de voz, indicó que en el subsuelo y tras del altar existen alrededor de 300 tumbas. En ellas permanecen los religiosos importantes de la orden y para buena parte de los patriotas del 10 de agosto de 1809 que fueron masacrados un año después, el 2 de agosto de 1810.

Justamente, el viernes pasado se realizó un evento en el que se abrieron las catacumbas y se colocaron rosas rojas a las 300 criptas que permanecen bajo la Sala Capitular. Este evento se lo realiza una vez por año. Al escuchar esto, López sintió nostalgia. Esa información no la conocía. Por ello, el trabajador privado de 35 años considera que se debería promocionar más la visita a esta sala.

"Me parece muy bien que como hoy (ayer), el acceso al arte y la cultura sea gratuito. Hay personas que no tienen la posibilidad de venir y esta es una buena oportunidad".

Luego de la visita por la Sala Capitular, los turistas son dirigidos a la segunda planta del convento. Allí hay una colección de óleos pertenecientes a la Escuela Quiteña: destacan cuadros y esculturas.

Un espacio histórico

La construcción del convento de San Agustín se inició a partir de 1580 y fue completada en 1650.

La sala capitular está en el corredor oriental del convento. Es la habitación más grande. Tiene 22,5 metros de largo, siete de ancho y seis de alto.

A sus costados están ubicadas dos filas de sillería, trabajada en madera de cedro negro. Tiene capacidad para acoger a 150 personas aproximadamente.

Una vez por año se abren las catacumbas en las que permanecen los restos de los patriotas, para acceso público.

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