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La libertad de expresión de las personas sufre un duro golpe. El poder político ha puesto el ejecútese y ha enviado al Registro Oficial la Ley Orgánica de Comunicación, uno de los cuerpos más polémicos en la vida de la República.

La libre expresión es la manifestación del derecho individual y colectivo más sagrado y consustancial a la naturaleza humana: la libertad de pensamiento. Pero el espíritu de la Ley de Comunicación, pese a la proclama de democratizar la comunicación, lesiona seriamente ese derecho consagrado en todos los instrumentos internacionales de los cuales Ecuador es suscriptor.

La Ley fue aprobada transgrediendo prácticas parlamentarias expresas, al introducir cambios que no habían sido debatidos ni aprobados por los legisladores de la anterior ni la actual Asamblea. Pero sobre todo contiene peligrosos instrumentos de control e intimidación y limita seriamente la acción de los medios no alineados con el poder.

Entregar a altos organismos como una Superintendencia de Comunicaciones y un Consejo Regulador una práctica sustancial de la libertad humana es limitar la libertad y la independencia, así como lo es la catalogación del derecho a la información como un servicio público del cual el Estado se vuelve concesionario.

Si el Superintendente será elegido de una terna que envíe el Presidente al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, un organismo afín al Ejecutivo, se anula la independencia. Si lo propio ocurre con la composición del Consejo de Regulación, las decisiones de estos organismos coartarán la libertad.

La Ley introduce una figura tan subjetiva como extraña a la legislación internacional: el linchamiento mediático, que pudiera proteger a los servidores públicos de la acción de los medios y la ciudadanía. Serán tiempos aún más difíciles para el periodismo de investigación y para todo afán de revelar lo que el poder quiere ocultar.

Diario EL COMERCIO, fiel a sus objetivos periodísticos que lo han identificado con la comunidad a lo largo de 107 años, se compromete a seguir entregando a sus lectores contenidos informativos y de opinión plural, abierta y positiva. Para ello persiste en innovaciones tecnológicas de primera línea, se actualiza y trabaja por la libertad de expresión de la gente y el derecho de las personas a ser informadas.

Seguimos adelante. Los tiempos oscuros para la libertad de expresión en el país, que no son patrimonio de esta época sino que han caracterizado muchos momentos de la vida nacional en los cuales el poder trató de limitar la acción de los medios, pasarán.

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