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A las 11:00 del miércoles pasado, un grupo de jóvenes se concentró frente al Palacio de Carondelet. A esa misma hora, en el parque El Ejido (centro norte de Quito), otras organizaciones (universitarios politécnicos y colectivos) levantaron una carpa para dar una conferencia de prensa en la que anunciaron una movilización para el 5 de septiembre.

La gente caminaba a su alrededor; pocos se quedaban, preguntaban pero pocos tenían tiempo para unirse a las protestas en contra de la explotación del Yasuní.

La calle virtual vence a la calle real. Aproximadamente 4 000 personas 'cliquean' sobre la palabra "asistiré" a las convocatorias de plantones que se realiza por Facebook. Pero apenas unas 50 acuden. Menos ayer: unas 200, quizá 300, acompañaron al jurista Julio César Trujillo hasta la Corte Constitucional, para la entrega de la pregunta para la pretendida  consulta popular.

Los números no preocupan a Eduardo Pichilingue, coordinador del Observatorio de Derechos Colectivos del Ecuador en el Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES). Entiende que vivimos otros tiempos a aquellos cuando los universitarios se tomaban las calles. "Me habría encantado que fuese así", dice, pero el que se vea tan poca gente en la calle real no legitima ni permite creer que la población juvenil esté a favor de la extracción petrolera del Yasuní.

A esas mismas horas, los jardines de la Universidad Católica estaban llenos de estudiantes tomando sol. Entre ellos, dos de la Facultad de Economía, no están enteradas siquiera de esas concentraciones. Tampoco saben si, de haberlas conocido, asistirían. Tienen un dilema moral: están a favor de la defensa del ecosistema, pero también saben que la estructura económica del Ecuador no conoce de otras alternativas sino la extracción.

¿Y si hay una consulta popular? Las dos no dudan: "votaremos a favor de que no se explote el Yasuní", dicen casi a dúo, Daniela Rivadeneira y Carolina Patiño.

Camila Egas, en cambio, ha ido a varias de estas marchas. Ella forma parte de la Asociación Ninashunko, que agrupa a 13 colectivos que trabajan desde lo ancestral en la zona de la av. 24 de Mayo (Quito) y también reconoce que la respuesta en la calle real no es la esperada. Seguramente, dice, "no le interesa o no quiere meterse en problemas con el Gobierno".

Y aunque dispersos, estos jóvenes, militantes de colectivos culturales, educativos o ambientales, son los más activos para hacerse escuchar. Para ellos, la explotación petrolera no es la alternativa para salir de la pobreza.

"Tenemos un pensamiento político, aunque no atado a un partido", aclara Camila. Este puede ser un pensamiento político ecológico, una ecopolítica. Porque el problema de fondo, según Alexandra Garcés, de Kitulectivo, es "el modelo de consumo y mercado", que no termina.

La decepción por el fin de la Iniciativa Yasuní, en Alexis Medina, estudiante de Historia de la Universidad de Nanterre (Francia), es notoria. Para él se trataba del proyecto más revolucionario del régimen. De hecho, ayer fue a la Corte Constitucional para apoyar la consulta, a pesar de que está en Quito solo por las vacaciones.

"Creo que Correa tiene miedo a los jóvenes que son los que más se oponen al ITT por convicción" y no, como dijo el Presidente en un tuit, que "hay grupos que están politizando el Yasuní-ITT (...) y manipulan a los jóvenes".

Lo cierto es que hay un efecto bumerán en la decisión de Correa, porque, en palabras de Pichilingue, fue el mismo Gobierno el que llevó adelante esta reacción. Estos jóvenes crecieron durante seis años escuchando al Mandatario decir al mundo que Yasuní es una joya. "Eso ha pegado tanto en la juventud y no se puede quitar por decreto".

Que la gente reaccione de esta manera ante el anuncio de poner fin a la Iniciativa Yasuní era algo esperable para Rafael Polo, catedrático de la Flacso, por una simple razón: se trata de una tomadura de pelo. Pero se muestra escéptico de que estas movilizaciones tengan algún efecto serio en la sociedad.

Para Polo, se trata en mucho del triunfo de una "ciudadanía políticamente correcta", que juega con la imagen de la rebeldía de mercado, "una rebeldía de fluctuación permanente y de compromisos estéticos más que políticos".

Hay una razón fundamental para que él piense así: los jóvenes viven "espuriamente la política porque han visto que tanto el neoliberalismo como el posneoliberalismo están cargados de corrupciones, autoritarismo, falta de participación, etc.".

Sea cual fuese el motivo de fondo, estos jóvenes ni siquiera desaprueban muchos aspectos de la gestión de Correa. De hecho, lo apoyan en muchos sentidos. Pero el haber derivado hacia el Plan B es algo que no pueden digerir del todo.

Algo así le ocurre a Alexandra Garcés, para quien Correa sí ha logrado cambiar el modelo de Ecuador, con proyectos hidroeléctricos, educación, salud.

A favor o en contra del Gobierno en otros aspectos, todos esperan que la consulta popular se lleve a cabo. Algunos creen que la población se pronunciará favorablemente para que el petróleo se mantenga bajo tierra. Pero Ana Romero, egresada de Biología de la Universidad San Francisco, y quien se une a las expresiones en contra de la explotación sin pertenecer a ninguno de los colectivos, da muestras de desesperanza.

No cree que la consulta prospere. "Y si prospera, creo que el Gobierno va a ganar", dice, aunque otros piensen lo contrario.

Las frases

"Durante 6 años escucharon que el Yasuní es una joya. Y eso no se puede quitar por decreto".
Eduardo Pichilingue. CDES

El problema de fondo no es ecológico, sino político: responde a un modelo de consumo".
Alexandra Garcés. Kitulectivo

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