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El miércoles 31 de julio, es decir hace apenas 10 días, Robert Gabriel Mugabe fue electo presidente de Zimbabue por séptima vez. Ha estado en el poder desde 1980, tiene 89 años y afirma que dejar la Presidencia de su país sería darle gusto a las potencias colonialistas e interrumpir su revolución.

En diciembre del 2011, cuando alguien le planteó el tema de la alternancia dijo, según la BBC de Londres, que "no puedo dejarlos en medio de este desorden. Sería completamente equivocado y una pérdida de confianza en mí mismo. Cuando el partido consiga seguir adelante, entonces yo les diré todo está en sus manos".

También recurre al argumento de que si no fuera por los pedidos de alternancia que hacen los británicos él dejaría el poder. El The New York Times registró el jueves pasado que, poco antes de estas últimas elecciones, dijo que había pensado en retirarse, pero "no cuando los británicos dicen 'queremos un cambio de régimen'".

Antes de las elecciones en el 2008 había afirmado que "si se pierde en una elección y eres rechazado por el pueblo, es tiempo de dejar la política".

Pero pocos años más tarde aseguró en una entrevista que solo Dios lo podía alejar del poder. Y para eso desató en el año 2000 una ola de violencia despiadada que obligó a su contendor, que había ganado en una primera vuelta, a esconderse y no presentarse en la segunda votación para salvar su vida. Así confirmó su fama de hombre cruel y capaz de cualquier cosa con tal de no dejar el poder.

"Mugabe, que ha dirigido Zimbabue durante 33 años, parece decidido a morir en el cargo. De hecho, pocos políticos modernos han sido tan deliberadamente perdurables o amargamente decididos a persistir, de manera fantasmal, como Mugabe", escribió a inicios de la semana pasada el célebre periodista Jon Lee Anderson en la revista The New Yorker.

Para entender a Mugabe hay que mirar a las guerrillas independentistas de 1970, que combatían a la minoría blanca que dominaba la entonces Rhodesia, dice un perfil de la cadena BBC firmado por Joseph Winter.

En ese entonces, el joven guerrillero Mugabe era visto como la expresión más pura y virtuosa del anticolonialismo y era celebrado por las élites intelectuales de todo el mundo.

En 1980, asumió el poder e inauguró una administración que era vista como modelo, que durante los primeros años logró muy buenos resultados sociales y económicos. Zimbabue era uno de los países más prósperos de África y el acuerdo firmado en Londres en 1979, en el que se acordó que los negros tendrían los cargos políticos mientras que los blancos mantendrían los medios de producción, era para muchos un ejemplo de tolerancia y gobernabilidad.

Pero todo cambió en el 2000 cuando en unas elecciones perdió frente a su eterno rival Morgan Tsvangirai. Su enfermizo afán por eternizarse en el poder hizo que lanzara una campaña de terror y muerte, que obligó a Tsvangirai y a sus partidarios a esconderse y a no presentarse a las nuevas elecciones que convocó Mugabe y en las que ganó en solitario.

Con el fin de ganarse las simpatías del electorado y no volver a pasar un susto igual, comenzó a expropiar las tierras que estaban en poder de los blancos. Luego de algunos años, esa política resultó ser el desastre económico del país, pues la agricultura se descalabró de tal forma que lo que antes se consideraba el granero de África pasó a ser un país que sufre hambrunas. Según la BBC, Mugabe siempre argumenta que los problemas económicos de Zimbabue son parte de un complot de los países occidentales para sacarlo del poder y devolvérselo a la minoría blanca. "Siempre se ha enfocado en cómo distribuir la riqueza nacional y nunca en cómo hacerla más grande", agrega.

Tony Hawkins, profesor de la Universidad de Zimbabue, alguna vez dijo que con Mugabe en el poder "cuando la economía se cruza con la política, la política siempre gana". Y así fue como Mugabe destruyó la economía.

El pernicioso apego al poder

Actualmente Zimbabue, a pesar de sus inmensos recursos agrícolas y mineros, es uno de los países más pobres del continente.

Entre los años 2008 y 2009, esta nación africana tuvo una inflación del 100 000%, así como una devaluación tan brutal que un dólar americano cotizaba en los mil millones de la moneda local. En el 2009 se dolarizó la economía.

¿Cómo explicar que Zimbabue haya terminado así? El caso ha sido paradigmático para académicos que estudian el éxito o fracaso de los países. Entre ellos Aaron Acemoglu, autor de '¿Por qué los países fracasan?' y de Roxane Julian Kovacs autora de '¿Qué hace a un estado fallido? Examinando el caso de Zimbabue'. Ambos autores coinciden en que se ha convertido en un Estado depredatorio. Es decir, que es un país donde el Estado se convierte en la única vía para acceder a la riqueza. Por eso, no dejar el poder se convierte en una necesidad del grupo dominante. "Aferrarse al poder se convirtió en el mayor objetivo del grupo gobernante", sostiene Kovacs, quien agrega que en casos como el de Zimbabue, "aferrarse al poder se convierte en el principal objetivo de la élite política y convierte en enemigos del Estado no solo a la oposición, sino a los sectores productivos privados".

Zimbabue es el perfecto ejemplo de aquellos sistemas políticos, descritos por Acemoglu, en donde el gobernante no quiere despojarse del poder, sino que pragmáticamente no tampoco puede hacerlo.

Los excesos de Grace

Mugabe ha tenido  dos matrimonios. Cuando murió su primera esposa de cáncer se casó con Grace, 40 años más joven que él, con quien ya había tenido dos hijos mientras su esposa estaba con cáncer.

Grace tiene afición a  las compras, especialmente los zapatos. Con ella, Mugabe se instaló en una mansión con 25 dormitorios que fue donada por el Gobierno chino que tiene intereses mineros en el país.

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