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La figura de la reelección indefinida ha sido usada en las dos últimas décadas por las autoridades locales con el argumento de permanecer en sus cargos de poder para dar continuidad a un proyecto político.

En la Constitución de 1998 se incluyó la posibilidad de que una autoridad local pudiera ser reelegida sin límites. Pero, en el caso del Presidente y Vicepresidente, solo se les permitía volver al poder luego de transcurrido un período.

La reelección indefinida fue avalada a través de una consulta popular en 1994.

En la Constituyente del 2008 la posibilidad de perpetuarse en el poder fue bloqueada por la mayoría de Alianza País. En ese tiempo se abanderó el discurso de lo perjudicial que era para la democracia el surgimiento de 'caciques locales', con la consiguiente acumulación de poder. Así, en el artículo 114 de la Carta Magna, se establece que "las autoridades de elección popular podrán reelegirse por una sola vez, consecutiva o no, para el mismo cargo". De ese modo la mayoría oficialista garantizó la alternabilidad en los cargos en todos los niveles de Gobierno.

Esta norma entró en vigencia desde las elecciones generales del 2009 en donde varias autoridades que se lanzaron a la reelección triunfaron. En el caso de las 24 prefecturas, en 11 las autoridades fueron reelectas (46%). El caso más emblemático se da con el actual prefecto de El Oro, Montgómery Sánchez, quien lleva en ese puesto desde 1996. El caso de las 30 ciudades más pobladas del país es similar. De estas, en 11 municipios los alcaldes fueron reelectos (37%). Las autoridades que más tiempo han estado en esos puestos son el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot; el de Esmeraldas, Ernesto Estupiñán; y Fernando Callejas, de Ambato, quienes ejercen su tercer período, respectivamente. Otros casos curiosos son el del alcalde de Samborondón, José Yúnez, quien ocupa esa dignidad desde 1996. También un ex alcade de Muisne que estuvo en su cargo 20 años.

Si esta norma de la reelección se mantiene vigente será la última oportunidad para que las autoridades que ya ocuparon cargos los ejerzan nuevamente. Sin embargo, las declaraciones de los dirigentes de Alianza País de analizar una reforma a esta figura han generado un debate sobre el tema.

El analista Simón Pachano dice que la alternabilidad es buena en su sistema democrático porque evita el caudillismo. Por ello cree que la reelección de una autoridad "debe tener un límite".

El también analista político Jorge León destaca, en cambio, que uno de los problemas ha sido el excesivo personalismo. Un ejemplo de esto es que al menos el 40% de las autoridades que fueron reelectas en el 2009, terciaron por una organización política diferente a la que iniciaron su gestión.

León establece una diferencia entre la continuación en el poder de una autoridad local y una nacional. En el primer caso considera que hasta una tercera reelección es necesaria, pues a ese nivel se requiere una administración cercana y próxima a la gente. En cambio, a nivel presidencial más de una reelección podría significar una acumulación desmedida del poder y del control del Estado.

El oficialismo tiene actualmente de todas las condiciones para modificar la figura de una reelección. Lo podría hacer mediante una enmienda constitucional, que con sus 100 legisladores estaría aprobada. La otra vía es validar esa figura mediante una consulta popular.

En caso de que se decida emplear la vía legislativa, el proyecto caería en la Comisión de Estructura del Estado. "Sería una posibilidad que no se la puede descartar, las leyes pueden ser modificadas", dijo el presidente de esa mesa, Mauro Andino.

Virgilio Hernández aclaró que estas reformas no están en su agenda. "Lo que se ha hecho es poner sobre el tapete el doble estándar que existe, mientras se condena la continuidad del presidente Rafael Correa se auspicia a la candidatura del alcalde Nebot".

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