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Sus rasgos físicos los delatan, pero los habitantes de Sarayunga, en el cantón azuayo de Pucará, poco conocen sobre los técnicos, maquinistas y obreros chinos que construyen el proyecto hidroeléctrico Minas-San Francisco. El idioma es la principal limitación.

Desde hace más de un año, los asiáticos trasladaron su residencia por trabajo hacia este poblado, perteneciente a la parroquia San Rafael de Sharug. No rentan casas porque viven en los campamentos y los ejecutivos chinos pernoctan en el cantón orense de Pasaje, ubicado a 25 minutos.

Durante el día es más evidente su presencia en la vía principal Santa Isabel-Pasaje, que une a las provincias de Azuay con El Oro. Conducen volquetes o se trasladan desde la comunidad de San Francisco hasta Río Blanco.

En el trayecto hay una gran cantidad de señalización vial que anuncia "doble vía", "entrada y salida de volquetas" y el campamento chino. Están escritas en español y en chino-mandarín.

La mayoría de extranjeros llegó sin sus familias a esta zona de copiosa vegetación y carente de servicios básicos. Hay pozos sépticos y agua entubada proveniente de vertientes aledañas.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, hay 79 chinos en Azuay y 3 742 en todo el país, siendo la comunidad más numerosa proveniente del Asia. En Sarayunga no hay un registro.

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El proyecto Minas San Francisco une a chinos y ecuatorianos

En Sarayunga, Azuay, chinos y ecuatorianos conviven en la cotidianidad diaria de esta población.

Zhang Shu Guang tiene 28 años y es el gerente de Harbin Electric International Company Limited en Pucará, la empresa que construye esta hidroeléctrica. Él con otros ocho compatriotas y un guayaquileño (chofer) laboran en la Oficina Técnica de Avanzada, ubicada en Sarayunga.

Jackson Valero, de 29 años, es el chofer y habla inglés como sus compañeros. Es el interlocutor para comprar algún producto en una tienda cercana o pedir algún servicio. Entre bromas dice que cuando los extranjeros hablan en su idioma se siente en otro planeta.

Sarayunga es la comunidad más grande de la zona (1 400 habitantes) y donde se registra el mayor movimiento por este proyecto.

Por ello, sus habitantes intentan obtener réditos de la presencia de china. En el último año se abrieron seis nuevos negocios: una discoteca de lujo, un gabinete de belleza, tres restaurantes y un cybercafé con centro de llamadas.

Lin Jim llegó a Sarayunga hace un año. Su esposo laboraba como técnico en Harbin y aprovechó para trasladar su Chifa Fu Zhou desde Guayaquil. Lin Jim consideró como una oportunidad servir su gastronomía a sus compatriotas.

Esta pareja tiene dos hijos, de 10 años y de nueve meses. El mayor Chen Jin Kun, quien sabe español, estudia en la Escuela Vicente Rocafuerte de la zona. Él toma los pedidos de los clientes ecuatorianos. En este negocio se ofrecen pastas, especerías, infusiones… En Sarayunga también funciona el restaurante Sazón Cuencano, de propiedad de Pablo Yunga. Está al frente de la oficina técnica del proyecto y con frecuencia los asiáticos cruzan la vía para almorzar. Él solo interpreta los mensajes por sus gestos y el movimiento de manos.

Hace cuatro meses, Fanny Chica, de 27 años, abrió un centro de belleza en Sarayunga. Ella es oriunda del vecino cantón de Santa Isabel e instaló ese local pensando en el movimiento. Cada mes corta el cabello a unos 30 chinos. "Les entiendo con señas".

La discoteca Sky, inaugurada hace un mes, también se abrió para captar el interés de esos extranjeros que construyen la central Mina-San Francisco. La inversión fue de emigrantes azuayos que viven en Estados Unidos.

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Luis Segarra, presidente del Comité Promejoras de Sarayunga, destaca el movimiento económico que tomó la zona, pero dice que no cubre las expectativas creadas.

Manuel Machuca, de 70 años, también está de acuerdo. Según él, el año anterior recibió como indemnización USD 59 000 por cuatro hectáreas en La Merced y USD 40 200 obtendrá por otras 10,5 hectáreas. Por esos terrenos cruzará parte de la obra. "Los avalúos son muy bajos y hay que cumplir tantos trámites".

Uno de los nietos de Machuca labora como obrero en el movimiento de tierra. "Si hay trabajo, aunque prefieren traer gente de Pasaje, Machala, Guayaquil, Cuenca…".

Por esos temas y la necesidad de obras de saneamiento, arreglo de escuelas y vías en 22 comunidades cercanas al proyecto, Segarra lideró protestas y hubo diálogos.

Wang Sisi llegó a Sarayunga con el inicio de las obras, en marzo del 2012. Ella dice que se relacionan bien con la comunidad. "Mantenemos diálogos y nos esforzamos por cumplirlas sus demandas". Sisi es la traductora de los chinos.

La obra finalizará en el 2015

En diciembre del 2011, la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) suscribió un contrato con la empresa china Harbin Electric International para la construcción del proyecto hidroeléctrico Minas-San Francisco.

Está ubicado a 92 kilómetros de Cuenca, en el límite sur occidental de la provincia de Azuay. Atraviesa las parroquias Pucará y San Rafael de Sharug, en el cantón azuayo de Pucará, y la parroquia Abañín, en la jurisdicción orense de Zaruma.

La obra aprovechará el caudal el río Jubones y generará 275 megavatios, que aportarán al Sistema Nacional Interconectado. La inversión total asciende a USD 550 millones.

El contrato incluye la construcción de las obras civiles y sistema de transmisión, diseño de ingeniería, montaje, equipamiento electromecánico y puesta en operación de la central.

La presa estará ubicada en el sector San Francisco y tendrá conexiones con túneles de desvío que vienen de la parte alta.

Según el ministro de Energía y Recursos Renovables, Esteban Albornoz, el proyecto tiene avance cercano al 18% de acuerdo con el cronograma de trabajo establecido en la contratación. El proyecto hidroeléctrico Minas-San Francisco, dijo Albornoz, estará operativo a finales del 2015.

Los cambios

Las 22 comunidades  aledañas al proyecto son San Francisco, Tendales, San Sebastián, El Pindo, La Cascada, Chincaplaya, Sarayunga, Gramalote, Tres Banderas, Vivar y Río Blanco.

En esta zona de Pucará,  ubicada a 800 metros sobre el nivel del mar, las familias se dedican a la agricultura y ganadería. Siembran maíz, cacao y cítricos.

En Sarayunga hay casas en construcción que se edifican para locales comerciales. También, existen letreros que anuncian el alquiler de establecimientos.

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