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Cuatro años más. En Alemania se da por hecho que la conservadora Ángela Merkel ganará mañana un tercer mandato para seguir siendo canciller hasta el 2017.

Pero, ¿con qué socio de gobierno? Europa entera seguirá las elecciones alemanas con más peso internacional de las últimas décadas pendiente de esa respuesta.

Los socialdemócratas de Peer Steinbrück (SPD) vienen recortando distancias en el último tramo de campaña, pero la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Merkel lidera los sondeos con un 40% de intención de voto -13 puntos más que el SPD- y será el partido más votado por los casi 62 millones de ciudadanos alemanes llamados a las urnas.

Con propuestas sociales como la creación de un salario mínimo o el aumento de impuestos a los más pudientes, el opositor de 66 años no logró hacer sombra a la popular Canciller, de 59, que centró su campaña en prometer "continuidad" económica en una Alemania que crece con solidez y mantiene el desempleo en el 6,8%.

Sin embargo, "el resultado será muy, muy ajustado", advierte la propia Merkel. Y es que en Alemania no basta con ganar las elecciones. El sistema hace casi imposible que un partido pueda gobernar en solitario. Aún con una cómoda victoria, cualquiera de los dos grandes partidos necesita un aliado para formar gobierno.

Las huellas del pasado

La fortaleza económica de Alemania devolvió al país el papel de potencia determinante en una Unión Europea (UE) golpeada seriamente por la crisis del euro.

Sin embargo, los fantasmas del pasado le impiden asumir claramente ese liderazgo.

Con una Francia debilitada, tanto política como económicamente, y un Reino Unido inmerso en un amplio debate sobre la idoneidad o no de continuar siendo miembro de la UE, Alemania se alza como el único miembro de la tripulación en condiciones de hacerse con el timón del navío europeo para evitar su zozobra.

Desde el estallido de la crisis hace 5 años, la gestión de la canciller Merkel parece haber convertido a Berlín en la nueva capital europea, dejando en un segundo plano a Bruselas. Como resumió hace tiempo el expresidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, "en Europa manda la señora (Merkel)".

Sin embargo, mientras el resto de países de la UE asume ese liderazgo, a veces a regañadientes, ¿por qué la propia Alemania se muestra reticente a aceptarlo? Para entender Alemania hay que entender su historia. La Segunda Guerra Mundial dejó una profunda huella en el corazón de los alemanes y los situó en el difícil papel de tener que resarcir al mundo por todos los horrores de la guerra.

Casi 70 años después del fin de la guerra, la palabra alemana para líder, "Führer", sigue desempolvando los terribles recuerdos de la Alemania nazi, de Adolf Hitler y de cómo se dejaron seducir por la idea de una Alemania que subyugara al mundo.

"Desde la Segunda Guerra Mundial los alemanes hacen lo que se espera de ellos a rasgos generales: se avergüenzan y prefieren mantenerse al margen cuando los grandes juegan entre ellos y no se dan cuenta de que poco a poco esto comienza a enervar al resto del mundo", analizó Eric T. Hansen, escritor y columnista estadounidense afincado en Alemania y autor del libro 'La superpotencia miedosa'.

Pero, ¿cómo devolver el orgullo de ser alemán a los alemanes? Alemania, el país más poblado de Europa con 80,2 millones de habitantes y con una economía que sigue creciendo a pesar de la crisis, necesita replantearse cómo se ve a sí mismo y el mundo y llevar a cabo una renovación radical de su cultura. "En realidad, los alemanes deberían acudir todos juntos a terapia para construirse una imagen más realista de ellos mismos", escribió Hansen. "Desde el estallido de la crisis de Grecia, Alemania dirige Europa. Preparada o no, debe asumir su responsabilidad".

La división alemana hasta la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la falta de soberanía de un país que tuvo que resurgir de las cenizas y donde la gente se moría de hambre también marcaron lo que es hoy en día el país. 23 años después, se alza como la potencia líder europea, cuna de grandes empresas internacionales como Volkswagen o Siemens, aunque todavía siguen siendo patentes las diferencias entre los estados de la extinta República Democrática Alemana y el oeste, tanto económica como socialmente.

La mayoría de los gobiernos europeos es favorable al triunfo de Merkel en las elecciones del domingo, de modo que sea reelegida como canciller, con la excepción de Francia, que prefiere la victoria de los socialdemócratas del SPD.

Esta conclusión aparece en un informe elaborado por Instituto de Prospectiva Internacional (IPI) y difundido ayer. Según el estudio, la mayoría de los gobiernos de la UE opta por la estabilidad política en Alemania y la afinidad ideológica, ya que una gran parte son correligionarios de la conservadora Merkel. Una excepción notable es la de Francia, gobernada por los socialistas, y a la que también se unen Bélgica, República Checa, Eslovaquia, Luxemburgo y Malta.

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Final de la campaña

La dirigente conservadora Ángela Merkel recorre desde hace días Alemania para atraer votos hacia la Unión Cristiana Demócrata (CDU), su partido.

A los 59 años, la presidenta del CDU está cerca de obtener un tercer mandato como canciller.

El candidato del SPD, Peer Steinbrück, insistió ayer en la necesidad de "deshacerse de este gobierno" (de Merkel), y atacó su balance, especialmente en materia social, como los salarios bajos o las jubilaciones pequeñas.

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