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En las bulliciosas calles de Mingora, capital del valle de Swat, hoy es habitual ver niñas con el uniforme escolar azul. En el 2007, cuando el valle de Swat estaba bajo el control del mulá Fazlulá, era impensable para ellas asistir a la escuela.

Durante el período talibán (2003-2009), se les privó del derecho a la educación. Los hombres del mulá destruyeron más de 150 escuelas para niñas, y se prohibió, mediante decreto religioso, el funcionamiento de colegios femeninos en la región.

En verano de 2009, el Ejército lanzó una gran operación para liberar Swat del yugo talibán. Desde entonces, los militares se han instalado en Mingora. Muchos lugareños se preguntan aún cómo fue posible que, a plena luz del día, dos desconocidos tirotearan la furgoneta escolar donde viajaban Malala Yusufzai y una docena de niñas más el 9 de octubre de 2012, a dos calles de la secundaria Khushal.

Uno de los atacantes disparó cuatro tiros e hirió gravemente a Malala, de 15 años, a Shazia Ramazan, que tenía 13, y a Kainat Ahmed, de 16 años.

La administración de la escuela ha prohibido a profesores y alumnas hablar con periodistas. Los periodistas vamos acompañados por militares que nos han guiado hasta la escuela, con la orden de no dejarnos entrar. De pronto, una puerta se abre y uno de los militares, con mirada de complicidad, nos invia at pasar.

Nada más abandonar el rellano de las escaleras está el aula de noveno grado. Junto a la puerta hay una foto de la clase y debajo, una de Malala. El oficial abre la puerta y señala un pupitre rojo, en la primera fila, en el que hay escrito en la parte superior: "Malala clase de noveno grado de la sección de chicas". Por unos segundos, una fuente de luz baña aquel pupitre vacío. Malala no regresará nunca más a su Mingora natal, en el valle de Swat; su vida correría peligro.

"Ofrecimos protección a Malala, pero su padre (Zaiudin, fundador del colegio) no quería que su hija fuera diferente a las demás alumnas", lamenta el coronel Zhizan, de relaciones públicas del Ejército en el distrito.

Malala jamás tuvo miedo de alzar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas paquistaníes. Muchos piensan que si Malala no hubiera captado la atención mediática, tras la publicación en el servicio en urdu de la BBC de un blog sobre la situación de las niñas cuando los talibanes gobernaron el valle (2007-2009), no se habría convertido en blanco de los insurgentes.

Malala ha pagado un precio muy alto. Su lucha le valió el galardón nacional de la Paz en 2011 y ahora es candidata al Nobel de Paz. No solo Malala se ha convertido en el símbolo de la lucha por los derechos de la educación de las niñas paquistaníes; también, Shazia y Kainat, supervivientes del ataque.

Shazia se ha recuperado de sus heridas físicas, pero no de las del corazón. Recibió dos disparos, uno en el hombro derecho y otro en la mano izquierda. Aquel día se había sentado con Malala en el autobús y Kainat en el asiento de atrás. Kainat también recibió un disparo en el hombro. "Un hombre con un arma entró en el autobús y preguntó quién es Malala y empezó a disparar. Malala tenía la cara cubierta de sangre", relata.

Y declara: "Ha sido un gran sacrificio para nosotras no poder estudiar durante el tiempo en que los talibanes estuvieron en Swat y no vamos a dejar que nadie nos lo impida ahora".

Kainat estudia décimo curso. "Quiero ir a la universidad y estudiar Medicina -dice-. El deseo de mis padres es que tenga un título universitario. Malala es un ejemplo para nosotras".

La valentía de Malala ha inspirado a alumnas y profesoras de otros centros educativos. Fatma Asim, directora de la escuela de secundaria Amankat, conoció de primera mano la violencia de los talibanes. Su anterior escuela, en la aldea de Kalakani, fue destruida. "Seguimos teniendo miedo de los extremistas, pero la situación es mucho mejor que hace unos años. No van a intimidarnos. Nuestras alumnas seguirán estudiando porque es su derecho", insiste.

Y nos invita a visitar las aulas. Rihama, de 13 años, es su mejor alumna de octavo. "No tenemos miedo, queremos ser como Malala y sacrificarnos como ella para luchar contra los talibanes", dice Rihama, que se ha levantado de su pupitre para ser escuchada.

Pero los sectores más conservadores de Swat rechazan el apoyo que se le ha dado a Malala.

En la escuela de Saidu Sharif, en Mingora, más de quinientas estudiantes, vestidas con niqab (velo islámico), se manifestaron en contra del cambio de nombre del colegio por el de Malala Yusufzai, por temor a convertirse en blanco de nuevos ataques.

La mujer

Bloguera. Malala obtuvo notoriedad luego de que escribiera un blog para la BBC explicando cómo era la vida bajo el régimen Talibán, que prohibieron la educación para mujeres entre 2003 y 2009. Recurrió a un seudónimo: Gul Makai.

El atentado. El 9 de octubre del 2012, un miliciano la atacó, junto a dos compañeras, con disparos de fusil en el cráneo y el cuello. El portavoz de los talibanes juró que la atacarían de nuevo.

Recuperación. Malala fue trasladada al Hospital Reina Isabel de Birmingham (Reino Unido), el 4 de enero del 2013, luego de un cirugía reconstructiva. Ahora se encuentra "feliz" por regresar a la escuela, pero no lo volverá a hacer en Pakistán, a donde no volvió.

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