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La operación militar para castigar al Régimen sirio por su presunto uso mortífero de armas químicas, cuyo inicio parecía previsto para ayer, quedó pospuesto al menos hasta el fin de semana, mientras continúe el debate sobre la culpabilidad, o no, del gobierno de Bashar al Asad.

En Siria el temor a un ataque militar de Estados Unidos y otros países aliados como Gran Bretaña generó una estampida de ciudadanos hacia Líbano y la frontera iraquí. En 24 horas, unos 10 000 sirios cruzaron la frontera con Líbano, dijo un guardia fronterizo libanés. Otras familias buscan refugio en la capital siria.

En el vecino Líbano, donde según las agencias de ayuda ya se han registrado 700 000 refugiados sirios que han huido del conflicto en su país, se informó que en las últimas 24 horas cruzaron la frontera otras 6 000 personas, muchos en autos cargados con valijas.

En Damasco, si bien los comercios están abiertos y el tránsito congestiona las principales avenidas, el nerviosismo ante un posible ataque extranjero es cada vez mayor.

La agencia Reuters reportó ayer que a pesar del ajetreo de la vida cotidiana en los sectores de la ciudad que no son escenarios directos de los enfrentamientos, la posibilidad de una intervención extranjera despierta resquemores y esperanzas. “El gran temor es que cometan la misma equivocación que en Libia y en Iraq. Van a golpear blancos civiles, van a decir que fue por error, y mientras tanto nos matarán de a miles”, dijo Ziyad, un hombre de Damasco de unos 50 años, a Reuters. Algunos vecinos se hacen eco de los medios locales y dicen creer que el ataque comenzará hacia el fin de semana, pero que no durará mucho.

Según la cadena BBC, se han reforzado las medidas de seguridad en los hospitales de la capital. Y habitantes de Damasco dijeron que hay una creciente escasez de alimentos, particularmente de pan.

Ayer, en tanto, simpatizantes del presidente sirio se concentraron en el centro de Damasco para expresarle su apoyo ante una eventual intervención militar internacional. Frente al hotel Four Seasons, donde se alojan los investigadores de la misión de la ONU, los manifestantes corearon lemas como “con nuestra alma y nuestra sangre nos sacrificaremos por Siria” y “Alá, Siria y Bashar”.

En EE.UU. la Casa Blanca informó ayer a los líderes del Congreso sobre la situación en Siria y las opciones que baraja en respuesta al uso de armas químicas por parte del régimen, mientras despiertan polémica las filtraciones sobre alcance, duración y objetivo del probable ataque estadounidense.
A medida que pasan las horas, los tambores de guerra parecen haber ralentizado el ritmo, pero siguen marcando el tiempo: oficialmente el presidente Barack Obama aún no ha decidido sobre el ataque a Siria, aunque ha hablado de una “acción limitada” .

Tanto Washington como el Reino Unido, Alemania y Francia parecen querer esperar el informe de los inspectores de la ONU, que terminarán su misión hoy viernes y saldrán de Siria el sábado. Y ello porque el reporte de los servicios secretos de Estados Unidos, que será divulgado el fin de semana y demuestra la culpabilidad del régimen sirio, no parece contener pruebas aplastantes sobre la responsabilidad personal de Asad en el uso del gas letal.

Ayer, mientras tanto, continuó a pleno ritmo el envío de naves de guerra al Mediterráneo Oriental, que se ha poblado de cruceros, portaviones y submarinos estadounidenses, rusos y británicos.

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