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En 1983, el presidente de Brasil era Joao Baptista Figueiredo, militar, quien al mismo tiempo que prometía apertura democrática tras 19 años de dictadura, también decía que "un pueblo que no se sabe cepillar los dientes, no está preparado para votar".

Por entonces, los brasileños no podían elegir a sus mandatarios máximos en las urnas. El Presidente salía de un colegio electoral, formado por representantes de dos partidos: Arena (Acción Renovadora Nacionalista, de los militares gobernantes) y el MDB (Movimiento Democrático Brasileño, de la oposición legalizada). Cada seis años, desde 1964, este colegio electoral eligió sin problemas al candidato castrense de Arena.

Ahí nació el clamor civil para que las elecciones de 1985 sean directas, con voto abierto para todos. ¡Diretas Ja! (¡Directas Ya!) era el grito masivo en Brasil, que durante un año se oyó en las calles. Una sola de ellas, el 16 de abril de 1984, presidida por Lula, llevó un millón y medio de asistentes al centro de Sao Paulo.

La moción, finalmente, no pasó por carecer de mayoría absoluta en el Senado. Pero la lucha fructificó. Primero, porque Tancredo Neves, del MDB, ganó sorpresivamente la elección indirecta de 1985 y también porque esta acción civil le dio un golpe de gracia al Gobierno de facto.

Los desfiles de ¡Diretas Ja! eran enormes manchas amarillas, gracias a las cintas, camisetas y pancartas de ese color, que se volvió símbolo de resistencia.

El primer ganador de las elecciones directas, instauradas en la constitución de 1989, fue Fernando Collor de Mello. Asumió el poder con 40 años y resumía en su edad, ideario y expresiones el afán general por un país moderno, rumbo al siglo XXI.

Pero Collor no demoró en caer. En 1992, su hermano Pedro fue el encargado de revelar el esquema de corrupción que armó el tesorero de la campaña presidencial, PC Farías, y del que se beneficiaba el primer mandatario.

Entraron en escena los movimientos callejeros, de base estudiantil, cuya enseña eran los rostros pintados con los colores de la bandera: verde, amarillo y azul. Ellos fueron los protagonistas de las marchas que, al grito de ¡Fora Collor! (¡Fuera Collor!), estimularon el enjuiciamiento en el congreso, la renuncia y la interdicción civil posterior del presidente.

Veintiún años después, camisetas amarillas y caras pintadas volvieron. Ahora, ya no pedían elecciones o la salida del Presidente. En realidad, iban por algo más.

¿Pasajes y qué más?

Si bien es cierto, el origen de las manifestaciones de la 'primavera brasileña' fue el alza de 20 centavos de real (USD 0,09 centavos) a los pasajes de bus, poco a poco se fueron sumando otras inquietudes, como los USD 13 000 millones que costará a los contribuyentes la Copa del Mundo, mientras la salud y la educación no han tenido mayor impulso.

También volvieron a la mente actos de corrupción gubernamental del pasado reciente como el Mensalao (pago de coimas de parte del PT, el partido de gobierno, a legisladores de otras tiendas) que, de acuerdo a la opinión popular, no fueron sancionados a la altura.

Los reclamos ganaron tono desde el 15 de junio, a las 15:50, en el estadio Nacional de Brasilia. Josepp Blatter, titular de la FIFA, abrió la Copa Confederaciones, en medio de pifias, las cuales se hicieron más sonoras cuando nombró a la presidenta Dilma Rousseff. La silbatina fue tal, que el directivo suizo tuvo que pedir "respeto y juego limpio" a los aficionados.

Dilma, acostumbrada a los aplausos (sus índices de aprobación llegaron al 71%, en su mejor momento), apenas se limitó a decir: "Declaro inaugurada la Copa Confederaciones 2013".

Solo cuando Brasil y Japón dieron rienda suelta al fútbol, acabó el escarnio a la mandataria dentro del estadio. Afuera, empezaba la etapa más dura y masiva de la manifestación.

Desde el lunes 17 de junio se precipitó todo el 'mayo del 68 de los trópicos'. Ese día, Río, Sao Paulo, Brasilia y otras ciudades del interior fueron una sola voz de condena al dispendio, a la corrupción y a la indolencia.

El primer acto contundente fue la toma simbólica del Congreso en la capital, que determinó qué tan decididos estaban los involucrados a dejar clara su posición de desafío al sistema.

Sin quebrar un solo vidrio de la estructura diseñada por Óscar Niemeyer, cantaron, gritaron y hasta recogieron la basura que generó su presencia ahí, antes de retirarse.

Ese lunes, donde algunos hechos de violencia en Río y Sao Paulo apenas fueron contenidos por la Policía, se escuchó el primer pronunciamiento de la presidenta Rousseff. Ella no lo hizo directamente, sino mediante una de sus asesoras, quien exteriorizó que Dilma consideraba "legítimas y propias de la democracia" a las expresiones públicas de desacuerdo con el Gobierno.

Recién el viernes 21, en cadena nacional, Rousseff recordó que su generación "creció en medio de la lucha (ella fue activa opositora de los gobiernos militares de 1964 a 1985 e incluso estuvo en prisión) y que por eso reconocía su "obligación de oír la voz de las calles".

De esta alocución salieron algunas medidas, como la decisión de destinar el 100% de los royalties petroleros a la educación, la llegada de misiones médicas del extranjero y un gran pacto social.

Antes, el miércoles 19, la subida de 20 centavos de real a los pasajes se anuló en cada estado. El poder legislativo, también cuestionado por el reclamo popular, dispuso que la corrupción sea considerada un delito sin derecho a fianza.

Estas conquistas apenas redujeron la concurrencia popular a las marchas, pero no las detuvieron.

Canto y pancartas

El sello de las protestas era el canto generalizado de "sem violencia, sem violencia" ("sin violencia") que se entonaba frente a los policías. Era una suerte de bandera blanca y declaración de que lo único que quería la mayoría de quienes salían a las calles era hacerse escuchar y sentir.

Otro sello: las pancartas. Se competía por ver quién era más creativo, gráfico o crudo con sus pedidos. La cosa era buscar una cámara de fotos o de video y desplegarla para divulgar lo que sienten sobre esta ocasión histórica.

Se aisló el tinte político. Banderas partidarias, como las del PT (socialista), el PSDB (socialdemócrata), PP (derecha) o los sindicatos eran invitadas a ser arriadas, no siempre con amabilidad.

Los desfiles empiezan en puntos de concentración, previamente informados por redes sociales, como universidades o estaciones de metro y termina en calles o plazas significativas, como la avenida Getulio Vargas de Río de Janeiro, la Paulista de Sao Paulo, el Eje Monumental de Brasilia o la Plaza 7 de Belo Horizonte.

Mientras caminan, desde los balcones se lanzan pétalos de flores o papel picado. En el cielo, los helicópteros policiales vigilan, junto a los de las grandes cadenas, como Globo y Bandeirantes, que ofrecen tomas aéreas en sus coberturas en vivo por televisión.

Al cierre de las marchas no hay oradores y se juntan todas las pancartas y letreros posibles, la gente los rodea y canta el Himno Nacional. "Patria amada Brasil" es la última línea que se entona, y en la que se pone un énfasis conmovedor Claro que no todos aplican el "sem violencia". Por lo general, son los grupos rezagados de la caminata los que emprenden contra vidrios, edificios públicos, automóviles de medios de prensa, paradas de bus, llegando a usar bombas molotov, como en el incendio de la Asamblea Legislativa del estado de Río de Janeiro, el lunes 17.

La Policía ha intervenido con balas de goma y gases lacrimógenos. Al comienzo, su acción era más represiva, sobre todo cuando las marchas eran en las inmediaciones de los estadios de la Copa Confederaciones. Luego, cuando la protesta se puso en ojos de todos, solamente actuaban ante los casos de vandalismo.

Sin líderes notorios en un inicio, el movimiento Passe Livre, cuyo objetivo desde su fundación en el 2005 es la tarifa cero para el transporte público, encabezó los primeros reclamos masivos en Sao Paulo. Cuatro representantes de este colectivo fueron invitados al Palacio del Planalto, a hablar con la Presidenta. De la calle, pasaron a codearse con el poder, en una semana. La temperatura continuará alta si no hay soluciones visibles...

La disputa ahora pasó al tinglado político

La presidenta Rousseff apuraba anoche la convocatoria a un plebiscito de reforma política, para el cual recibió el respaldo de una amplia gama de organizaciones sociales y juveniles, muchas de ellas vinculadas a las protestas. Sin embargo, los grupos de la oposición política criticaron esta idea.

La oposición radicada en el Senado y en el Congreso, acusa a la Presidenta de "desviar la atención" con esta propuesta plebiscitaria. "Lo que realmente la calle quiere son respuestas para la salud, educación, transporte", dijo Carlos Sampaio, líder de la oposición socialdemócrata en el Congreso.

El gobernador socialdemócrata de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, anunció una reestructuración de gastos para financiar la revocación del aumento de las tarifas del transporte. Venderá su helicóptero, 1 044 automóviles de funcionarios y eliminará unos 2 000 cargos que estaban vacantes.


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