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Barack Obama debe reunirse este sábado con su homólogo Jacob Zuma, primer acto de una visita histórica de tres días a Sudáfrica en la que el presidente estadounidense rendirá homenaje a su "héroe" Nelson Mandela, que sigue entre la vida y la muerte.

Obama llegó la noche del viernes a Pretoria procedente de Senegal en su primera visita a Sudáfrica como presidente de Estados Unidos.

En principio, no está previsto que visite a Mandela, de 94 años, en el hospital de Pretoria donde está ingresado desde el pasado 8 de junio por una recaída de su infección pulmonar. Salvo que familia, que el viernes señaló una mejoría, decida otra cosa.

Obama ha insistido en que no quiere ser un intruso. "No necesito una foto con él. Lo último que quiero es ser indiscreto cuando la familia está inquieta", dijo Obama a los periodistas a bordo del avión presidencial.

"Creo que el mensaje que querremos comunicar no se dirige directamente a él sino a su familia, simplemente una profunda gratitud por sus cualidades de dirigente todos estos años", añadió Obama.

El programa oficial de su visita prevé este sábado un entrevista matinal a solas con el presidente Zuma, seguida de una conferencia de prensa y de un discurso solemne desde la Union Buildings, sede del Gobierno sudafricano.

Luego visitará el barrio de Soweto en Johannesburgo para dirigirse a los estudiantes en este lugar emblemático de la resistencia al apartheid.

"El presidente hablará del legado de Nelson Mandela, y esto ocupará gran parte de nuestro tiempo en Sudáfrica", declaró el consejero adjunto de seguridad de Estados Unidos, Ben Rhodes.

Los dos hombres se conocieron en 2005, siendo Obama joven senador, y posteriormente han hablado por teléfono en varias ocasiones.

El domingo, desplazamiento a Ciudad del Cabo. Obama tiene prevista allí una visita a la prisión de Robben Island, donde Mandela pasó 18 de sus 27 años de reclusión picando piedras y respirando el polvo que dañó para siempre sus pulmones.

El viernes, en una declaración a la prensa, su ex esposa Winnie Madikizela-Mandela dijo que era prematuro que los medios de comunicación hablen en pretérito del héroe de la lucha contra el apartheid.

"En comparación con cómo estaba hace unos días, hay una gran mejoría, aunque clínicamente sigue sin estar bien", declaró.

La hija mayor de Mandela, Makaziwe, había indicado el jueves que su padre todavía reaccionaba con la mirada o el tacto a la presencia de su familia, que lo vela desde hace tres semanas, sobre todo su esposa Graça.

La Presidencia sudafricana no ha publicado ningún boletín de salud desde la tarde del jueves. Con Mandela moribundo, los temas económicos que marcaban la visita de Obama, sobre todo la cláusula aduanera AGOA, que beneficia a los productos sudafricanos en el mercado estadounidense, deberían pasar a segundo plano.

Numerosos sudafricanos se congregaban frente al Hospital Mediclinic Heart de Pretoria, donde se encuentra el Premio Nobel de la Paz 1993.

Cantos, oraciones, mensajes, velas reflejan desde hace días el fervor de todo un pueblo que comulga con el mundo entero a través de un batallón de decenas de enviados especiales apostados delante del hospital.

"Pensé que tenía que venir a ver lo que pasa y también para dejar un mensaje en el muro [del hospital]. Mandela nos enseñó a perdonar, es nuestro héroe y nuestro padre", dijo Sikelela Dube, un estudiante de 23 años de Pretoria.

El ANC, partido que gobierna Sudáfrica desde 1994 pero con menos tirón desde que Mandela dejó el poder en 1999, ha recibido críticas de intento de recuperación tras una aparición con banderas y carteles electorales delante del hospital.

Los sudafricanos se prepararon para lo peor después de que el presidente Zuma anulara el jueves un viaje a Mozambique tras visitar a Mandela en el hospital. Sin embargo, sus servicios señalaron luego una mejoría. “ Su estado sigue siendo crítico pero se ha estabilizado", indicó.

La visita de Obama ha suscitado algunas críticas en Sudáfrica, sobre todo en la comunidad musulmana y en las filas sindicales.

Medio centenar de estudiantes musulmanes se reunieron el viernes por la tarde frente a la embajada de Estados Unidos en Pretoria para protestar contra la "brutal política exterior" de Estados Unidos.

A ellos se sumaron unos 200 sindicalistas de Cosatu, el gran sindicato cercano al poder, para denunciar el "imperialismo estadounidense".

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