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Tergiversar la Historia es una tentación política. Es un deseo del poder. Les fascina a los regímenes con pretensiones mesiánicas. Cambiar antojadizamente el pasado se vuelve una necesidad para justificar el presente. Se exaltan hechos intrascendentes, o se inventan episodios, con la misma desfachatez con que se desaparecen personajes incómodos para los requerimientos coyunturales. Sin miedo al ridículo. Es el trance místico del populismo; el paso previo para alcanzar una gloria histórica que más parece extravío.

Lo acaba de practicar la Presidenta argentina a propósito de los festejos por los 25 años de creación de Página 12, el emblemático diario que sentó cátedra regional sobre periodismo crítico. Fue de izquierda, pero hoy está controlado por el kirchnerismo. En su discurso, la Mandataria omitió expresamente el nombre de Jorge Lanata, fundador y director durante una década de dicho diario, por ser hoy un agudo crítico del Régimen. Lanata se quejó, con exquisita ironía, de ser el primer desaparecido de la historia del diario, e hizo una analogía con las tristemente célebres purgas soviéticas. “Usted fue patética”, le espetó a la señora Fernández, en una misiva que el periodista leyó en su programa de opinión.

También acaba de practicarlo la Ministra de Patrimonio, a propósito del ascenso al grado de general de ejército conferido a Eloy Alfaro. Se promocionó al hecho como una supuesta reparación histórica a una ingratitud nacional. Para justificar la “trascendencia” del acto, la señora Ministra se atrevió a afirmar que Alfaro jamás ostentó el grado de general dentro de la jurisdicción nacional. ¿Falta de acuciosidad, desconocimiento imperdonable en una funcionaria con esa responsabilidad, o simple zalamería con los afanes de perpetuación del jefe? ¿Son entonces falsas las insignias que portaba el Viejo Luchador cuando vestía uniforme militar? ¿Eran las charreteras puro aderezo? ¿Fue Alfaro un impostor? De un solo decretazo acaban de borrar un pedazo de nuestra Historia, con fotos y documentos oficiales incluidos.

Por fortuna, acomodar el pasado para urgencias políticas del momento ya no es posible; al menos, ya no es tan sencillo. Existen demasiadas fuentes rondando el planeta, demasiados mecanismo para escudriñar la verdad, demasiados archivos desclasificados. Alguien debería decirle al Presidente que las historias por encargo son como un bumerán, que los relatos cortesanos duran lo mismo que el embeleso del poder. Todo se sabe, todo se desnuda; como el Registro Oficial del 24 de agosto de 1895, en el cual el Estado ecuatoriano oficializa el nombramiento de Alfaro como general de división… o la memoria periodística de los argentinos.

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