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Es cuestión de honor, asunto crucial o acaso desvirtuar el fondo de las cosas para mostrar, en las formas, solo la epidermis de los problemas. Para el Gobierno, ciertos asuntos como las manifestaciones se reducen al debate sobre el deber de los medios de demostrar el uso de balas de pintura o gases lacrimógenos. Los temas relativos a las redes sociales, los insultos, las calumnias y las injurias es aspecto 'vital' de regulación, o las imágenes que mostraron varios medios de los niños muertos en Siria con gas tóxico cobran mayor importancia que la tragedia en sí misma. Ni se diga si hablamos de lo relevante o no de los tuits, que parece más importante para algunos funcionarios que las libertades.

Más allá de la utilización de balas de goma, pintura y los gases lacrimógenos, lo de fondo es que en Quito hubo manifestaciones, que la Policía tejió un cerco en torno al Palacio de Gobierno y que se presentaron refriegas. La polémica sobre si tales o cuales medios informaron, más allá de la falta evidente de pruebas de esa afirmación, no debe tapar la realidad de los hechos: el país debate el asunto de la explotación en el Yasuní y el aspecto ambiental y las urgencias económicas son dos tesis contrapuestas con argumentos importantes.

Otro tema que evidencia la táctica, en mi opinión, es aquel de la calumnia, la injuria y la regulación de los contenidos de las redes sociales. La petición podría sobrar si, como se sabe, tanto la calumnia como la injuria deben responder ante los tribunales sin que importe tanto si se lo hace por los medios formales de comunicación, en redes sociales o incluso en cadenas oficiales. Otra vez la forma sustituye a lo de fondo: el afán es, a través de normas legales, regular y hasta controlar las opiniones y mensajes de la gente.

En cuanto a la brutal represión de la guerra civil siria, donde es innegable que la dictadura laica es responsable del genocidio y de las más de 80 000 muertes y de un millón de personas refugiadas, que es lo de fondo, parece que para muchos importa más prohibir las crudas imágenes de niños muertos. La supresión de esas imágenes solo tapa la brutal realidad de la matanza.

Pero otro tema subió a debate: el intento de una dependencia de la Presidencia de calificar si el contenido de los mensajes de las redes sociales es relevante o no. Si una autoridad se abroga la potestad de calificar subjetivamente esa condición, mostraremos en los medios un país de una sola voz, una sola versión de las cosas, una sola cara de una moneda que en una sociedad diversa y plural no es la única. Esa visión subjetiva y excluyente sería nefasta. Los seres libres, los pueblos libres no deben aceptar que sea la autoridad y menos una autoridad teñida de una maniquea visión de las cosas la que determine lo que debemos decir, el tono de los mensajes o las trivialidades que conversamos en público o privado o hasta el color de la camiseta de fútbol que vestimos.

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