La coca de El Matal se hizo una ficción
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El mar trajo una efímera y peligrosa fortuna a El Matal, un pequeño enclave marino, en el cantón Jama, Manabí.
Era febrero del 2006. Jesús Argüello, un comerciante de pescado de El Matal, no olvida que a inicios de aquel febrero una insólita noticia se regó en la amplia ensenada, bañada por las aguas del Pacífico: en el mar flotaban sacos de nailon negros.
Los pescadores encontraron algunos después de horas. Los pesados bultos fueron llevados a sus sencillas casas. Argüello cuenta que un amigo, al ver el contenido de los sacos, creyó que eran ladrillos blancos caídos de un buque.
Algunos abrieron los bien armados paquetes con cuchillos. Al ver la sustancia blanca, de penetrante olor a acetona, varios pensaron que se trataba de acetona en polvo. “Ellos eran los más inocentes”, continúa Argüello.
“La mayoría -dice el comerciante- se puso pilas cuando un pescador dijo: eso es cocaína, igual a la que pasa la TV, de los laboratorios de droga”.
“En efecto, después se confirmó que dentro de los sacos negros había paquetes en forma de ladrillo, cuyo contenido era cocaína”, reconoce un comerciante de pescado que viaja a Manta.
Los extraños sacos eran llevados por las olas en dirección a las atractivas playas de arena blanca, el hogar de 3 000 pescadores artesanales. Por un mes los hombres del mar que atrapan peces de carne blanca se convirtieron en ‘pescadores de coca’.
Esa vivencia, ya parte del imaginario del pueblo, ha sido llevada al cine por Sebastián Cordero, con base en la crónica del autor manabita Fernando Andrade.
El argumento se concentra en un pescador, El Blanquito. Él contó su historia que, además, fue la historia de El Matal.
“Cuando vino el ‘Barbón’ (Sebastián Cordero) a filmar partes de la película que nos dijo, recuerda Argüello que se llamaría ‘El pescador’, la gente de El Matal no lo creía; aquí cada habitante es protagonista de su historia, todos la vivimos”. Según él, “había un personaje, El Blanquito, ese fue inventado; al actor que asumió el papel de El Blanquito lo trajeron, no era del pueblo; de El Matal fueron tres personas las escogidas por su rudeza y características de pescador”.
El Blanquito, nombre ficticio del personaje central, es un pescador que fue el nexo entre los narcos y el pueblo. Él sigue pescando, pero no en El Matal, es itinerante, porque sabe que los narcos aún rondan por las costas de Manabí. Andrade escribió su crónica con su testimonio.
La vivencia de los 30 pescadores de El Matal que salieron en busca de los sacos empezó así.
Una tarde, el personal de la Marina, con el apoyo de una fragata y un helicóptero, perseguía a la altura de Punta Venado -suroeste de El Matal- a una lancha rápida. “Nunca lo olvido: era febrero del 2006”, cuenta Winston Espinosa, otro pescador.
“En esa lancha -sigue- se movilizaban cinco personas, como estaba equipada con cuatro potentes motores podía alcanzar los 250 kilómetros por hora”.
El piloto de esa lancha rápida –explica Espinosa- evadió a la fragata y al helicóptero, mientras tanto sus compañeros arrojaban al mar los bultos. “Los marinos al parecer pidieron ayuda y después llegó una avioneta, desde esa aeronave dispararon hacia la lancha e hirieron al piloto”.
Uno de los tripulantes de la embarcación agarró el timón y la dirigió a tierra; encallaron en la playa de Punta Venado. El herido fue abandonado y el resto se escurrió entre la maleza, según algunos pescadores.
Ocho días después, los lugareños intensificaron la pesca de los bultos. Al menos 15 lanchas al mando de tres tripulantes cada una salieron en su busca. “Unos encontraron hasta 10 sacos”, señala Espinosa.
Después de 10 días aparecieron en El Matal unos hombres misteriosos y elegantes, portaban sofisticadas armas y se movilizaban en lujosos 4X4. “Después nos enteramos –prosigue Argüello- que habían llegado de Esmeraldas”.
Vinieron con un objetivo: comprar los bultos. Algunos pescadores -que no sabían de qué se trataba el contenido- vendían cada bulto en USD 3 000. “Luego, cuando se percataron que era una cotizada droga, el precio subió hasta USD 15 000 por cada uno”, dice Arguello.
“Pocos aprovecharon ese cuarto de hora de fortuna e invirtieron el dinero de la venta en motores fuera de borda, arreglaron sus casas y adquirieron vehículos”, confiesa Espinosa. Otros que gastaron el dinero divirtiéndose con bellas mujeres y hasta enviaron a comprar cervezas importadas en Manta para bañarse en la calle.
Gabriel Márquez, un pescador artesanal de El Matal, participó como uno de los personajes de la película. Él sostiene que estuvo en escenas como las del hallazgo de la droga y la persecución hasta Punta Venado. Este robusto pescador es un cofre de sorpresas. Mientras ordena su trasmallo (redes de pesca) al filo de la playa, cuenta que trabajó de guardián para un grupo de gringos que llegó a El Matal hace cinco años.
“Los gringos trajeron un barco para extraer el tesoro de un galeón hundido en el cauce del río Jama. Se llevaron en peso esos tesoros y nadie dijo nada. Un día salimos en una lancha a buscar sitios fangosos en la desembocadura del río y vimos un bulto negro, pero lo arrojamos al mar”.
Espinosa aporta otro dato en esta azarosa aventura de El Matal: tras la pesca de droga llegaron delincuentes que amenazaban con matar a los familiares si no entregaban dinero. “Se denunció a Inteligencia de la Marina y volvió la paz”.
El Matal es un apacible pueblo, de 220 casas, la mayoría de construcción mixta -ladrillo, madera y techo de zinc- fueron levantadas a 300 metros del mar.
El principal suceso anual es el festival del wahoo. A inicios de septiembre se concentran pescadores artesanales y deportivos para ir en busca de este pez abundante en la zona. Sin embargo, los vecinos de El Matal están más interesados en ver la película que el ‘Barbón’ Cordero filmó en su playa. “Queremos verla en una pantalla gigante, instalada en la arena, junto al mar que trajo la cocaína”, sostiene Argüello.
'Jamás pensé que mi crónica sería un filme'
Entrevista
Redacción Espectáculos
Juan Fernando Andrade escribió la crónica en la que Sebastián Cordero basó su película 'Pescador', que se estrenará en diciembre. También coescribió el guión de la cinta. Aquí habla cómo fue descubrir al personaje de su crónica y cómo fueron los procesos para escribir el guión.
¿Su trabajo publicado en Soho no es periodismo propiamente dicho?
En estricto rigor no lo es. Es un relato. Para mí había que escribirle así, porque si me ponía a escarbar iba a encontrar cosas que se iban a alejar del personaje y para mí lo más importante en una historia es el personaje.
¿Por qué las referencias noticiosas en el inicio de su publicación?
Cuando conocí al personaje supe que la crónica iba a ser sobre todo de él. Tenía entonces que darle un marco de referencia, algún tipo de ambientación real al lector. La historia de él es tan maravillosa y tenía miedo de que no me la fueran a creer. Por eso me protegí con estos primeros párrafos de noticias que se publicaron así.
¿Qué tan complicado fue hablar con el personaje?
Fue la parte más complicada. Hubo un momento en que no se iba a lograr porque la gente no quería hablar. Me quedé todo el día 'janguiando' con este 'man'. Y sentía que me estaba poniendo a prueba, o sea entrando en confianza. A la noche nos invitó a jugar billa y a tomar 'bielas' y cuando estábamos hermanados por la cerveza (risas), me dijo: 'Ya pues, loco, ahora te voy a contar' y yo le digo no, ¿cómo ahorita? si no puedo escribir nada, déjame sacar la grabadora porque no puedo escribir nada y él me dice no, sin grabadora.
¿Cree que esta historia es parte del realismo mágico?
Sí. Ecuador es un país lleno de realismo mágico, Latinoamérica en general. Yo soy de Manabí, y esa tierra es la cuna del realismo mágico.
El personaje de la crónica se llamó Blanquito en la película, ¿por qué?
Ese nombre es clave y me dio toda la excusa dramática para arrancarlo un poco del pueblo, porque es un pescador torpe, que no le gusta vivir en El Matal y cree que es guayaquileño.
Cuando reporteaba esta historia, ¿pensó que podía ser película?
Jamás. No escribo pensando en que puede ser película o no. Yo trabajaba en otro guión con Sebastián (Cordero) y antes de saber que la crónica se publicaría se la di a él solo porque sabía que la iba a disfrutar. De pronto me dijo: 'Loco, paremos lo que estamos haciendo, esto es lo que hay que hacer'.
¿Es la primera vez que escribió un guión para cine?
Terminó siendo el primero, el que trabajábamos antes quedó en borradores.
¿Qué tan complicado fue pasar de una crónica real a un guión de ficción?
Sabíamos que la crónica iba a ser solo el punto de partida. Como está escrita (la crónica), nunca se saben bien las minucias de este personaje cuando salió de El Matal y se va con la chica. Nunca entré en ese detalle, pero en la película era obligatorio que saliera del pueblo. La película pasa en El Matal, Manta, Cuenca, Guayaquil y en Quito. El momento en que salimos con el personaje de El Matal, ya se convierte en ficción absoluta. La película tomó vida propia.
HOJA DE VIDA
Juan Fernando Andrade
Escribió la crónica para la revista Soho, Ecuador, en el 2007.
Logró el tercer lugar en el concurso de periodismo Jorge Mantilla Ortega.


