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Giros en el aire, saltos mortales triples, majestuosidad y precisión; características de los malabaristas japoneses, no es lo que transmiten los tres integrantes japoneses del Circo Cru Cru.

Sus bases en estudios de interpretación corporal se reflejan en los pocos elementos que utilizan en el escenario, pero con los cuales arman una trama y proponen su concepto circense.

Shinya Tatsukawa, Katsunori Fujii y Tohru Takanashi, fundadores de Cru Cru, reconocen que saben caminar sobre la cuerda floja y andar en monociclo, pero su base es la pantomima y por eso no han incluido estas otras técnicas para su puesta en escena.

En la noche del pasado sábado en el Teatro Sucre la cotidianidad fue la primera interpretación que intervino en la presentación de este circo. Se reflejó con el desorden que se produjo en el escenario con las primeras apariciones. La vida diaria no es ordenada, ¿por qué en el circo debe serlo? El papel que cumplían los elementos sobre el escenario fue el de materializar el tiempo, que no se percibía sino por detalles como los trajes -al inicio simulaban pijamas y en el segundo acto ropa de trabajo-. La oscuridad que invadió el teatro y la nueva puesta en escena (cuando las luces se volvieron a encender) estaban compuestas por maletines de trabajo, de donde los mimos sacaban sus herramientas. Era una transición de la niñez a la vida adulta.

El tercer factor que el Circo Cru Cru mantuvo presente fue la trama. Estos tres mimos contaron la historia de su convivencia a través de su proyección sobre el escenario. Utilizaron elementos simbólicos como vasos de lata -que simulaban los cascos de un caballo- para contar la historia acerca de la pobreza en Japón cuando ellos eran niños y utilizaban su imaginación para entretenerse.

La presencia de las puertas al inicio podía leerse como un barrio en el cual los niños que vivían allí se conocían y salir a jugar era una rutina. Esa fue una interpretación libre, a la cual cada espectador podía llegar, pero el concepto global giró en torno a la infancia.

El segundo acto fue más elaborado. Trasladado a la ciudad, los niños que al principio jugaban con pelotas, crecieron y ahora debían dedicarse a trabajar.

Con algo de tap, estos adultos le pusieron ritmo a la cotidianidad y se reían de las situaciones que aquejan a la mente adulta.

Encuentran la verdadera felicidad cuando descubren que la vida circense es su pasión y deciden dedicarse a eso.

Hubo algunas parodias sobre la solemnidad y la estructura del circo: el riesgo que corren los malabaristas al jugar con armas letales o los domadores al intentar calmar a una bestia. Hasta que al final los personajes se profesionalizan y terminan con un acto limpio y sin fallas, que remitió a la magia visual de un circo. La propuesta de Cru Cru se enfoca en la división que hay dentro de la estructura de un circo. Están los acróbatas y los payasos -quienes intentan imitar las habilidades de equilibristas y gimnastas- pero no pueden porque no tienen técnica.

Los japoneses Shinya Tatsukawa, Katsunori Fujii y Tohru Takanashi buscan imitar la labor de los payasos, pero con una excelente técnica de dominio y equilibrio, por eso las equivocaciones sobre el escenario son intencionales.

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