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Antes de conocer la nueva propuesta editorial de Zonacuario se debe tomar en cuenta una cosa: los libros también son para niños. Y no únicamente los que sirven para colorear. La lectura es uno de los primeros peldaños para formar gente capaz de reflexionar.

Ahora bien, ¿cómo capturar la atención de niños cuyo instinto natural es salir a un parque y jugar hasta el cansancio? Alejandro Bustos, director de este proyecto editorial que incluye a las series ¡elé! infantil y ¡elé! juvenil, tiene una respuesta: la imagen. Los 24 textos que forman parte de esta colección cuentan con gráficas a color y en blanco y negro en más de un 60 por ciento de sus páginas. Así, quieren enganchar a un público cuyas edades oscilan entre los 8 y 13 años.

Las obras, en su mayoría de autores extranjeros, son una selección de novelas, cuentos, leyendas y poesía. Entre los escritores se encuentran Ricardo Alcántara (Uruguay), Alicia Barberis (Argentina), Jordi Sierra i Fabra (España), Armando José Sequera (Venezuela), Mónica Varea (Ecuador), Gustavo Adolfo Bécquer (España), y otros.

Viajes por mundos mágicos, encuentros con personajes misteriosos, poemas sobre la escuela; los temas que presentan los autores en esta primera entrega van desde los hechos más cotidianos hasta la realización de fantasías de lo más ingeniosas.

Liset Lantigua, editora de esta colección y autora de 'Sofi, tu mirada', explica que el concepto de este proyecto es proporcionar lecturas que puedan ser incluidas en la malla curricular escolar, o bien ofrecer libros que, paralelamente al sistema educativo, sirvan de apoyo a los pequeños lectores.

El mercado nacional

En octubre de 2012, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) realizó el último censo sobre hábitos de lectura en el país. Las cifras proporcionadas sobre la población más próxima a la infantil y juvenil, dejada de lado en este trabajo, son de las personas entre 16 a 24 años, quienes son los que más leen, en un 83%. En esta misma investigación se dice que un 50,3% de los ecuatorianos lee entre una y dos horas semanales.

¿Cuál es, entonces, la situación de los niños? El censo no arrojó esos datos. Bustos considera que las estadísticas en este sector son distintas. Asegura que niños y jóvenes demandan en la actualidad un mayor número de publicaciones para abastecer el mercado nacional. Una oportunidad para las casas editoriales en las que se debe tomar en cuenta dos cosas, según dice: que la sencillez no sea la base sobre la cual se estructure el libro, y que se desarrolle la competencia lectora (capacidad de comprensión y de ir elevando la dificultad en cuanto a temas, estructuras narrativas, etc.) de los ecuatorianos.

Zonacuario ha establecido un plan de lectura que va del tercero al séptimo de básica, según el sistema educativo actual. Así, los 24 libros de estas dos colecciones se encuentran distribuidos tanto por género como por complejidad.

Al analizar el tipo de mercado al que se presentan estas series, tanto Bustos como Lantigua reparan en que los autores extranjeros son la novedad para muchos de sus lectores. De los 24 títulos, tan solo cuatro son de ecuatorianos. Para el próximo año estiman que otros diez títulos se incorporarán.

Literatura con opositores

Pero no todos creen que la literatura infantil es un nicho para desarrollar competencias. En una columna escrita en diciembre de 2001 para el diario español El País, el escritor argentino César Aira confesaba su aversión a este tipo de literatura, catalogándola como "subliteratura... que no inventa a su lector". Una sentencia que, a su criterio, se sustenta en que su aparición fue "consecuencia deplorable de la expansión de la industria editorial y de la segmentación interesada de los mercados". No fue el primero en emitir una sentencia así.

En 1998, Ediciones de la Flor (Argentina) reeditó un libro del escritor británico Lewis Carroll bajo el título 'Los libros de Alicia'. En el prólogo, Jorge Luis Borges apunta que "quien escribe para niños corre el peligro de quedar contaminado en la puerilidad; el autor se confunde con los oyentes". Una posición que nace de su crítica a la comercialización -y, en cierto sentido, banalización- de la literatura inglesa, de la cual fue un sesudo lector.

En ese mismo tono, el escritor argentino Gustavo Roldán defendía que "las obras tienen que ser para todos, no tiene que haber dos literaturas". Eso aún cuando varias de sus publicaciones están clasificadas como literatura infantil.


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