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El trabajo de Guillermo García puede llegar a ser, algunas veces, de lo más aburrido. Sentado en una silla plástica, su función es controlar a la gente que entra y sale de una sala de cine. Usualmente mira a la calle, en dirección hacia donde nada nuevo ocurre. En la mañana en que se lo visita, ningún cliente ha llegado a su negocio: un cine porno.

Cuando ve las cámaras de este Diario se levanta de su asiento y empieza a despojar palabras entusiastas, como si nadie le hubiese hecho conversación en décadas. "Sí, hace 20 años atrás aquí funcionaba el Teatro JJ", confirma este hombre.

Él era el dueño del teatro. Tan solo permaneció abierto 18 meses. No tuvo acogida. Así que decidió cambiarlo por una cinemateca con películas aptas solo para adultos. En este último negocio le fue bien, hasta que la Internet se esparció y ya nadie necesita ir a este lugar, que él aún conserva para ver películas 'prohibidas'.

Lejos de ese sitio, en el norte de la ciudad, funcionó entre 1984 y 1986 el Teatro Experimental Guayaquil. Cuatro mujeres -cuyos nombres en la escena cultural guayaquileña suenan muy fuerte- administraban el sitio: Ana von Buchwald, Lul de Carvajal, Alcira Mujica y Marina Salvarezza. La pequeña sala teatral estaba en una de las oficinas interiores del Centro Comercial Albán Borja. Al lado de la también extinta discoteca LQ y de una pizzería italiana.

Una suerte de triángulo de entretenimiento se conformó en esa época: los jóvenes salían de las funciones teatrales, compraban una pizza y farreaban.

El capitán Albán Borja (+), propietario del centro comercial y un mecenas del arte, les donó a las actrices el espacio sin cobrarles un centavo.

Antes de la inauguración del Teatro Centro de Arte (en 1988), el que mayor capacidad tenía era el extinto Teatro Candilejas, con capacidad para 400 asistentes. Funcionó desde 1983 hasta 1993 dentro del actual C. C. Unicentro. En los ochenta, a este sitio llegó el T­eatro Negro de Praga, un acontecimiento para la época.

Pero uno de los espacios que más nostalgia causa -por lo que representa- es el Teatro Dos Carátulas. La pequeña sala teatral estaba ubicada en la planta alta de la casa del dramaturgo guayaquileño José Martínez Queirolo. El piso era de madera. Todo fue elaborado con sus manos: el telón conformado luego de coser varias cortinas; la tarima hecha tras martillar sobre varias tablas... Había dos ventanillas interiores: una para expedir los boletos de las funciones y otra para la venta de bebidas y 'snacks'.

"Este sitio merece ser un museo", reclama la actriz italiana, radicada hace muchos años en Guayaquil, Marina Salvarezza.

Con la muerte de 'Pipo', esta sala teatral dejó de funcionar.

Eran sitios modestos. Pequeños en capacidad, si se compara con los modernos Teatro Centro Cívico (donde caben 1 500 personas). Pero fueron espacios iniciadores del actual desarrollo de la escena teatral guayaquileña.


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