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Al presentar una nueva edición de su libro ‘Poesía en bicicleta’, Raúl Arias anhela acercarse a un público nuevo, distinto al que conoció a mediados de los setenta. Quiere estar en las bocas de los jóvenes; que ellos abran nuevos capítulos en sus vidas a la sombra de aquel poemario de un escritor veinteañero.

Aceitados - Raúl Arias

Encontrarlo en medio de una capital que quiere sumarse a la vanguardia en cuestión de movilidad (autos repletos de sudor, buses con pasajeros cual sardinas, estridentes sirenas por doquier) supone cierto nivel de estrés. Pero él parece haber hallado una forma para combatir esto: resguardarse en los recovecos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito. Bajo el gran coloso que encierra dentro de sí a varios museos, bibliotecas, salas de teatro, danza y cine, entre otros, él poeta ha encontrado una cafetería a la altura de la av. Patria en la cual revisa sus papeles mientras intenta extraer la mejor información de ellos.

Avances - Raúl Arias

Al entrevistarlo, él mantiene cierta distancia. No es un hombre que fácilmente se entregue a una ronda de preguntas. Pero poco a poco pierde esta postura, sobre todo cuando habla de su paso por el movimiento tzántzico. Cuenta que tras un decenio de haber sido parte de este grupo de escritores e intelectuales, las oportunidades de mejorar en el oficio poético era la mejor recompensa.

Implicaciones de un ciclista - Raúl Arias

¿Por qué seguir por varios años en el oficio de la palabra? Explica que la poesía nace de la necesidad de leer. Que cuando la persona lee con pasión, la escritura viene por añadidura. Asimismo, enfatiza en que se debe ser un apasionado para que todo escrito tenga una fuerza propia.

Soni-ando - Raúl Arias

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