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La actual administración de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) sostuvo este jueves en la Sala Demetrio Aguilera Malta un acto oficial de Rendición de Cuentas, para resumir los logros de la institución durante este último año y delinear sus planteamientos a futuro como entidad orientada hacia el desarrollo de la cultura “nacional y universal”. Su presidente, Raúl Pérez Torres enfatizó en lo lejos que están aún de llegar a una situación estable como entidad pública.

Uno de los factores que lo llevan a esta conclusión está relacionado con el proyecto de la nueva Ley de Cultura. Pérez Torres mencionó su preocupación al respecto calificándola de “minimalista”, en alusión a su extensión de, hasta el momento, no más de 45 artículos. Dijo que a la institución “se la nombra de pasada” -en el artículo 24-, y no se la lista como integrante tanto del Sistema Nacional de Cultura como del Consejo Nacional de Cultura, del cual fue Pérez Torres fue presidente.

Tras enumerar algunos de los logros de su administración, como la reanudación de los Domingos de Casa Abierta, el presidente de la institución reafirmó su determinación de mantener a la CCE como una entidad del sector público, en el marco de la sugerencia del Ministro de Cultura, Paco Velasco, de que si la institución quería mantener su estatus autónomo consagrado en la anterior constitución, pase a ser una persona jurídica de derecho privado, gestionando sus propios ingresos. “Privatizar la cultura en plena revolución cultural sería impensable”, afirmó Pérez Torres.

La dirección actual de la Casa de la Cultura, que entre otras iniciativas ha apoyado la creación del Centro Cultural Umacantao en Chimbacalle o la creación de la extensión de la CCE en San Antonio de Pichincha, suscita opiniones divididas entre algunos intelectuales del país. El escritor y poeta Iván Carvajal expresa su desacuerdo con la gerencia de Torres Pérez. “Hoy la Casa de la Cultura es un organismo que se somete por completo a las políticas del actual Gobierno, que no son las que propician un desarrollo libre del pensamiento, de las artes, de las actividades intelectuales”, opina. Por su parte el escritor Hernán Rodríguez Castelo, en la carta ‘Sobre la excasa de la cultura’, publicada en su sitio web, afirma que la nueva administración significó para la Casa de la Cultura la pérdida de su autonomía.

Desde una posición distinta, Gabriel Cisneros, vicepresidente de la CCE, señala que en el último año de gestión se ha logrado beneficiar a 1 millón de personas, “quienes directa o indirectamente se han nutrido de los patrimonios tangibles o intangibles del Ecuador y el mundo, incluso a pesar de nuestra asfixia económica”. Cisneros lamenta que actualmente el presupuesto a escala nacional de la CCE –que comprende alrededor de 16 000 000– sea una cantidad incipiente para una institución que sostiene 4 000 eventos anualmente en todo el país, además de la constante producción de bienes patrimoniales.

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