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La mole blanca y terracota se emplaza sobre una colina verde que configura las faldas del Rumiñahui y se divisa desde varios kilómetros. Parece uno de esos monasterios medievales que se protegían subiéndose a lo más alto de los cerros para defenderse de intrusos y problemas.

Pero solo es una impresión. Esta mole andina de 3 180 m² de construcción en adobe, madera y teja de arcilla lo que menos busca es pasar inadvertida. ¿La razón? Pues es un hotel-finca de la máxima categoría, bautizado apropiadamente como CotopaxiPungo, pues se mira cara a cara con el coloso.

Emplazada junto a la Avenida de los Volcanes, el encañonado del río Pita y el canal de riego Pita-Tambo (ahora llamado Pita-Puengasí), esta edificación se encuentra a solo 14,8 kilómetros de Sangolquí, en el sector conocido como Alpachaca. Una vía empedrada en buen estado la comunica con la cabecera cantonal y, asimismo, con el volcán tutelar.

Pero su ubicación estratégica, que permite una visión de 200° y de hasta 15 volcanes andinos, solamente es una de sus fortalezas.

Otra de ellas viene por el lado de la arquitectura: está levantada casi totalmente en adobe, madera y teja tradicional. Y sus paredes son de 60 cm de espesor.

Con excepción de las cimentaciones profundas que se tuvieron que hacer porque el suelo firme estaba a 9 metros de profundidad y del entrepiso de los salones de eventos (por las grandes luces), todo lo demás está levantado mediante las técnicas constructivas antiguas, explica Jorge Echeverría, el arquitecto que planificó y levantó el ingenio.

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