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La propuesta urbana de la ampliación, explica Yadhira Álvarez, del taller que diseñó el conjunto, fue articular el edificio al bulevar 24 de Mayo mediante un puente. Este es un vínculo franco, abierto al espacio público que corresponde con la escala de la plaza y que proporciona a la ciudad una fachada vital y con uso.

El puente es de estructura metálica y es reversible (se puede sacar si las condiciones lo ameritan).

Su ubicación ha sido cuidadosamente estudiada de tal manera que no obstruya la apreciación del arco de la Ronda, sino más bien que se convierta en un eco del mismo, explica Álvarez.

A su ingreso a la plataforma del museo se desarrolla otra plaza, un espacio abierto que recibe el puente y desde el cual se accede al vestíbulo de ingreso al museo.

"Se genera así una secuencia plaza-puente-plaza, donde el puente actúa como un filtro y, a la vez, convoca a los ciudadanos hacia este equipamiento cultural.

La propuesta arquitectónica planteó tres circuitos definidos de circulación. El primero con un flujo público de visitantes que, desde el bulevar 24 de Mayo, atraviesa el vestíbulo al nivel de la nueva plaza del proyecto y se dirige -a través de una escalera- a los espacios museables ubicados en los claustros antiguos del Museo de la Ciudad.

El segundo, con un flujo administrativo que conecta los ingresos (vehicular y peatonal) del museo con la zona de oficinas, que funcionará en la nueva ampliación. El tercer circuito es técnico, corresponde a un flujo de bienes comunican el estacionamiento con el montacargas, y las zonas de reserva y taller de restauración.

La terraza es un espacio con lenguaje propio. Permite la contemplación del paisaje urbano tanto hacía El Panecillo y el bulevar como hacia el sureste, donde se diagrama la fusión del Centro Histórico con parte de la ciudad popular. Esta terraza posee varias jardineras llenas de plantas nativas y medicinales.

Como este bloque del museo es de corte contemporáneo, los materiales utilizados caen dentro de ese rango. El hormigón armado, obviamente, es uno de ellos.

MCM+A utilizó el metal, tanto a nivel de estructura como en algunos elementos de cierre. Su selección responde a su ligereza, pues la estructura se ancla a una estructura preexistente y a su relativa facilidad de montaje. La celosía de fachada funciona estructuralmente y a la vez permite mitigar el asoleamiento.

El zócalo de la fachada está revestido de piedra para fortalecer la continuidad con las edificaciones vecinas y los muros plegados y continuos de piedra que conforman la calle Morales en ese sector. Colores de actualidad, como el rojo carmesí, completan la composición.

La ficha técnica

El diseño arquitectónico fue de  MCM+A Taller de Arquitectura (arquitectos Yadhira Álvarez, Pablo Moreira, Natalia Corral, Rubén Moreira, Milton Chávez). la inversión municipal total fue de USD 1 250 000.

La construcción  estuvo a cargo del Consorcio A Constructores y las áreas de intervención fueron: 1 260 m² de áreas construidas y 1 350 m² de áreas exteriores (incluida una terraza panorámica que posee jardineras de plantas nativas).

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