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La construcción solamente es una parte del complejo CotopaxiPungo, explica Sebastián Cornejo, quien se 'arriesgó' a invertir en ese hotel ubicado en ese sitio y construido con una técnica -el adobe- que ahora se usa poco hasta para levantar casas unifamiliares.

En total, el proyecto tiene 7,25 hectáreas y ´posee espacio para la realización de varias actividades. Se incluyen caminatas por senderos predeterminados, paseos a caballo y hasta un troje donde el visitante puede ordeñar y servirse una leche espumosa y caliente.

Y si lo que le gusta al turista es cocinar puede hacerlo en la espaciosa cocina, que es abierta.

Como una de las prioridades del hotel es la protección del medioambiente, explica Cornejo, se sembraron 14 000 plantas de árboles endémicos de la zona como alisos, pumamaquis, guantos, polilepis, laureles, arrayanes... Hasta hay pequeños bosques idóneos para la anidación de aves, especialmente colibríes, que se deslíen por el néctar de los guantos.

Retornando a la arquitectura, la construcción de 3 180 m² se divide en tres pisos. Hay 20 suites -todas con estufas para la climatización- y dos salas de reuniones con una capacidad para 200 personas. La cocina es doble: una para sucios (cortar, guardar, pesar) y otra abierta al público.

El salón de recibo marca el eje constructivo, explica Echeverría. Está ubicado en la primera planta de una especie de torre y posee una chimenea de cuatro lados.

Las chimeneas fueron uno de los rompecabezas, explica Echeverría, pues por los fuertes vientos existentes en el exterior del lugar a veces la salida del humo se invertía. Esto se solucionó elevando el tiro varios metros.

En fin, CotopaxiPungo es una síntesis de arquitectura tradicional, servicios y paisajes.

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