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El tema ecológico está en boga. El mundo se llena de edificios que, como afirman los expertos, son 'amigables' con el cada vez más enfermo ambiente. Puntas de lanza de esta tendencia son las terrazas y paredes verdes, hidropónicas (que no necesitan suelo) o de las normales.

Un pionero en este capítulo fue el italiano Renzo Piano, quien forró de verde las cubiertas de la Academia de Ciencias de California, EE.UU., asombrando a todos. Varias nuevas construcciones de Quito y alrededores tienen estos elementos; la Casa del Alabado, el Ministerio del Ambiente, la antigua plaza de San Blas o el Scala Shopping, en Cumbayá...

Pero ¿bastan estos ingenios arquitectónicos para declarar verde a un edificio? Arquitectos ambientalistas dicen que sí; otros, como el argentino César Pelli, creador de las Torres Petronas de Kuala Lumpur, no está convencido pues "a lo sumo se pueden crear elementos gestuales para que el edificio parezca más sostenible".

Las terrazas verdes están muy bien, pero hace falta para lograr sostenibilidad: más ahorro energético, más materiales naturales, más reciclaje, más conciencia de los usuarios que, casi siempre, somos los que más contaminamos.

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